Los Castillo tenían una base sólida. Perder el puesto de senador solo significaba que tendrían que esperar un par de años más, pero si dejaban que alguien los controlara, estarían jodidos de por vida.
En la política, un paso en falso podía destruir a una familia entera en cuestión de segundos. Andrés cargaba con el peso de mantener a los Castillo a flote y no podía permitirse ni el más mínimo error.
A pesar de haberle abierto los ojos a su hijo mayor, no había podido dormir, sintiendo que todavía se le escapaba algo. No fue hasta que vio a Yolanda y Carmen peleándose en la sala cuando por fin entendió cómo encajaba todo.
¡La familia Torres!
Valentina y Carmen llevaban casi una semana de haber regresado a la Villa Castillo, pero los Torres no habían hecho ni el intento de buscarlas. Eso no cuadraba por ningún lado.
Andrés se dio cuenta de algo. En los últimos años, la economía del país había crecido demasiado rápido y muchas familias poderosas habían escalado posiciones. En cambio, los Castillo, tras haber perdido a Ricardo, se habían mantenido con un perfil bajo. Si un poder consolidado se debilitaba demasiado tiempo, era inevitable que otros intentaran ocupar su lugar.
Alguien ya se estaba impacientando...
—Abuelo...
Una voz clara y alegre interrumpió los pensamientos de Andrés. Desvió la mirada del té de manzanilla y, al levantar la vista, vio a la chica con el cabello recogido en un chongo corriendo hacia él.
A Andrés se le enterneció el corazón y se apresuró a levantarse para recibirla.
—¡Cuidado! ¡Despacio!
Yolanda llevaba un peluche de un lobo gris medio chistoso abrazado al pecho.
—Abuelo, ¿ya se te pasó el coraje?
En realidad, Andrés no estaba enojado, porque lo que seguía era el contraataque de los Castillo. Si descubría que los Torres estaban metidos en eso, no tendría piedad de ellos. Sin embargo, Carmen aún era muy joven. Para protegerla, había aprovechado la pelea como excusa y la había mandado a la casa de campo en Los Laureles.
Y con Yolanda, tenía un motivo oculto. Claudia era una madre que no servía para nada. Si él llegaba a faltar algún día, Yolanda iba a sufrir mucho, por eso quería juntarla con Carmen.
Aunque Carmen parecía una niña berrinchuda y mimada, en el fondo tenía un buen corazón. Si ambas lograban dejar sus problemas de lado, seguramente se llevarían bien. Además, Valentina era de las que defendían a los suyos a capa y espada; sería el mejor respaldo que Yolanda podría tener.

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