Andrés levantó la vista y su mirada se volvió glacial.
***
Mientras tanto, en el patio Invierno.
Valentina temía que Carmen hiciera una locura, así que no quiso irse muy lejos. Le pidió a la empleada que preparara botana y café, y se sentó a platicar con sus hermanos en el jardín delantero.
Lo que Carlos había dicho los dejó pensando. El patriarca era el pilar de la familia Castillo; jamás tomaría una decisión a la ligera. Con el poder que tenían, la familia podía hundir a Víctor de mil maneras, pero el anciano había optado por la táctica más destructiva. Era evidente que detrás de todo eso había una razón que aún no alcanzaban a ver.
Le dieron mil vueltas al asunto sin llegar a nada, así que decidieron dejarlo por la paz de momento.
Al no escuchar más ruidos adentro de la casa, Marco preguntó en voz baja:
—Conociendo a Carmen, ¿crees que aguante el golpe de tu divorcio con Alejandro?
Solo de mencionarlo, a Valentina se le volvió a amargar el rato.
Carlos no lo entendía.
—Valentina, ¿qué pasó con Alejandro? Parecía que entre ustedes todo estaba bien, ¿por qué llegaron hasta aquí? ¿Mi papá está de acuerdo?
Ella negó con la cabeza.
—Mi papá me dijo que dejara de hacer berrinches. Hasta le hice pasar un coraje. ¿No vieron que hace rato ni me volteó a ver en la sala?
—¡Ay, por favor! —Marco agitó la mano—. Para mí que te estás haciendo ideas. Aparte de los chamacos, ¿a quién más miró mi papá hace rato? Y la verdad ni lo culpo, parece que nos cayó el chahuistle. Lo de Renato ya es el colmo, pero ¿ya supieron? Dicen que el Grupo Montalván trae broncas internas.
Aunque los Montalván no tenían el monopolio de los Castillo, seguían siendo una pieza clave en la economía del país. El director ejecutivo de la empresa era Isidoro Montalván, el esposo de Elisa.
Marco volteó a ambos lados y bajó la voz:
—Dicen las malas lenguas que desvió veinte mil millones de pesos de inversión del gobierno para sus negocios. El problema es que el terreno que compró fue expropiado para uso militar. Ahora el gobierno quiere checar los avances del proyecto. Si no cubre el hueco o no entrega resultados, la próxima vez que veamos a nuestro cuñado va a ser en el reclusorio.
Valentina frunció el ceño.
—¡Con razón mi papá está hecho una fiera! Una cosa es coincidencia, pero tres ya es un complot.
—¿A dónde vas? —preguntó Marco, levantándose también.
—A ver a mi papá, obvio. —Si sus sospechas eran ciertas, era normal que el viejo estuviera que echaba chispas.
Valentina presintió el peligro y también se levantó.
—¿No creen que ir a verlo ahorita sea...? —Antes de terminar la frase, notó a alguien parado en una esquina del jardín. Parpadeó, sorprendida, y luego su mirada se volvió de hielo—. ¿Tú qué haces aquí?
Carlos y Marco respingaron y voltearon hacia donde ella miraba. Ahí, en una esquina del patio, estaba una muchachita con un vestido blanco de muñeca.
La joven se acercó con una sonrisa de oreja a oreja.
—Tío Carlos, tío Marco, tía Valentina. Vine a ver a Carmen, pero como vi que estaban platicando cosas serias, no quise interrumpir, por eso me quedé aquí paradita escuchando.
Los tres se quedaron sin palabras.

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