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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 44

—¡No es lo mismo! —le gritó Carmen—. ¡Tú ni siquiera eres una Castillo! ¡Deberías largarte por donde viniste, muerta de hambre! ¡Tú y tu madre son unas desvergonzadas!

Con esa boquita y ese genio, la verdad es que cada madriza que le ponían se la tenía bien ganada.

Yolanda soltó un suspiro cansado, tomó asiento y se acomodó con calma.

—Sale. Avísame cuando acabes de insultarme para que podamos platicar.

Carmen ya estaba en guardia para otra ronda de golpes, así que la actitud pasiva de Yolanda la desarmó por completo. Al verla tan tranquila y seria, le entró la curiosidad.

—¿De qué tendríamos que hablar tú y yo?

Yolanda palmeó el asiento junto a ella.

—Tengo un secreto que quiero contarte.

Carmen bufó con desprecio y puso los ojos en blanco.

—No te quieras hacer la amiguita. No me interesa. ¡Lárgate! —Se dio la vuelta, dispuesta a irse.

Yolanda habló sin apuro:

—Carmen, ¿qué pensarías si te dijera que de repente puedo ver el futuro?

Carmen se detuvo en seco y la miró de reojo.

—¿Te zafé un tornillo del golpe que te di? —Su expresión cambió de repente y se puso a la defensiva—. ¿Me quieres sacar dinero o qué? ¡Eres una mosca muerta!

Yolanda levantó una ceja.

—Ya veo que no te dicen tonta nada más por convivir.

Carmen no entendió el sarcasmo, pero no le hizo gracia que la llamara tonta.

—¡Ah, órale! Pues si tan fregona eres, ¿por qué no me dices qué va a pasar en el futuro? Por ejemplo, ¿mi abuelo te va a echar a la calle?

Yolanda no respondió.

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