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Ex-esposa en coma: Abandonada a mi suerte romance Capítulo 122

Sabía que Nicolás, como su esposo, trataba de darle ánimos, pero era difícil tenerlos cuando le había ido tan mal en ocasiones pasadas.

Dos abortos.

El primero había sido provocado por personas malintencionadas debido a un accidente, cuyas personas ya no tenían sentido ni siquiera mencionarlas porque habían recibido su merecido.

El segundo, sin embargo, fue un aborto espontáneo, debido a la condición de su útero.

No quería hacerse falsas esperanzas, por eso estaba preparada para lo peor.

Regina se enderezó en el asiento del consultorio, a su lado estaba Nicolás y frente a ella, la doctora que había sido recomendada por Ismael. Sofía Morgan era su nombre, se trataba de una reconocida obstetra y directora actual del hospital.

Era una mujer de cabello oscuro, de un castaño que parecía casi negro, y de unos ojos vivaces, casi del mismo tono. Era hermosa y la miraba con simpatía.

—Mi nombre es Sofía Morgan, directora del hospital y estaré a cargo de tu caso —se presentó con amabilidad y una sonrisa.

—Es un gusto —correspondió al saludo.

La mujer revisó los resultados de las últimas ecografías, mientras Regina la observaba con ansiedad y una diminuta chispa de esperanza.

Su esposo, notando esto, tomó su mano con firmeza y la entrelazó con la suya, brindándole un poco de calma. ¿Pero se podía tener calma en su situación? La respuesta parecía ser un rotundo “no”, porque no lograba encontrar un poco de sosiego.

—Regina, Nicolás —comenzó—, sé que este embarazo, después de lo que pasaron, es un rayo de esperanza inmenso. Sin embargo, debo serles completamente honesta. Desde un punto de vista médico, la situación es extremadamente delicada.

El matrimonio tragó saliva a la espera de lo peor.

“Deben interrumpirlo”, parecía que Regina podía escuchar esas palabras, aunque no habían sido pronunciadas.

—El útero, como saben, sufrió un daño considerable hace año y medio. La cicatrización extensa del miometrio, la capa muscular principal, ha reducido drásticamente su elasticidad y capacidad de expansión. Esto significa que, a medida que el feto crezca, el útero tendrá una capacidad limitada para distenderse adecuadamente, lo que aumenta significativamente el riesgo de ruptura uterina.

Aquellas palabras no eran nada nuevas, pero aun así Regina sintió un nudo en el estómago. Y Nicolás apretó su mano, imaginando la sensación que también lo estaba embargando.

—Además —continuó—, la insuficiencia cervical es una preocupación constante. La cerviz, debido al trauma previo, puede no ser capaz de mantenerse cerrada bajo la presión del embarazo en crecimiento, lo que podría llevar a un parto prematuro extremo o un aborto espontáneo tardío. Hemos notado ya un cierto acortamiento.

—¿Y qué significa todo esto, doctora? —preguntó Nicolás, queriendo un poco de claridad en medio de tantos términos médicos.

—Significa que no puedo darles falsas esperanzas —respondió con una mirada directa, pero a la vez compasiva. En su profesión sabía que siempre debía dejar las cosas claras y, aunque Regina fuera amiga de Ismael, no podía prometer imposibles—. No es un embarazo viable en el sentido tradicional de baja preocupación. Los riesgos son altísimos. Habrá que considerar un cerclaje cervical de forma preventiva, un procedimiento para reforzar el cuello uterino, pero incluso con eso, el útero en sí mismo es un desafío. Estaremos monitoreando cada milímetro de crecimiento, cada contracción, cada señal de estrés uterino. Tendrás que estar en reposo absoluto la mayor parte del tiempo, y es muy probable que necesitemos una hospitalización prolongada a medida que el embarazo avance.

—Doctora, pero si seguimos todos esos cuidados, ¿es posible que nazca el bebé?

Sofía respiró hondo antes de continuar.

—Seremos un equipo —prometió—. Haremos absolutamente todo lo humanamente posible para que este embarazo llegue a término. Pondremos todos nuestros recursos y experiencia a su disposición. Pero también deben entender la realidad: las probabilidades están en nuestra contra. Cada día, cada semana que logremos avanzar, será una victoria.

Los ojos de Regina se llenaron de lágrimas, mientras el silencio se instalaba en la habitación. Sabían que las palabras de Sofía no eran para desanimar, sino para prepararlos. Porque este no sería un camino fácil, pero que no estarían solos en él y eso era lo importante.

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