—Fuera de mi empresa, Nicolás. No te quiero en mi territorio —le advirtió fieramente cuando estuvieron a solas.
—¿Estás segura de que este es tu territorio? —preguntó el hombre con voz fría.
—Por supuesto que sí. Es mi empresa, no lo olvides —le recordó lo obvio.
—El hecho de que sea tuya, no significa que los empleados te respeten. ¿O es que acaso ya has olvidado el recibimiento que te dieron?
—Eso no es asunto tuyo.
—Por supuesto que lo es. Eres mi esposa.
De nuevo salía a relucir aquella desagradable palabra.
Regina se dejó caer en una silla, agotada.
Claramente, no era su esposa, pero él insistía en decirle eso, como si hubiera olvidado que hacía menos de una semana estaba planeando su boda con otra.
Sabía cuál era su objetivo y evidentemente no surtiría efecto. Pero le molestaba sobremanera que lo intentara siquiera.
—Nicolás, no te quiero aquí. Solamente vete —señaló a la puerta de la oficina que acababa de convertir en suya.
—Regina, no podrás con esto sola.
—¡Por favor, que te vayas! —gritó fuera de sí, sosteniendo el pisapapeles y levantándolo como si fuera a tirárselo encima.
Para su mala fortuna, Nicolás no se inmutó ante su amenaza. Era un hombre muy terco.
—¡Que te vayas! —trató de intimidarlo, moviendo el brazo como si fuera a lanzarlo, pero el hombre ni siquiera pestañeó.
Y entonces no tuvo más remedio que levantarse y salir de ese lugar.
No le gustaba que estuvieran en un mismo espacio, solos, no le gustaba cómo su corazón se agitaba ante su sola presencia y no le gustaba recordar que lo único que buscaba era la forma de recuperar el dinero que le había robado con el divorcio.
Así que salió de la oficina y paseó por los alrededores.
Los trabajadores seguían mirándola con enojo y esto no lo entendía, porque deberían de mirar a Nicolás de la misma forma y, sin embargo, no lo hacían. Se suponía que él y su tía eran los culpables del mal manejo de la empresa. Aunque la verdad, la principal culpable era su tía, ya que Nicolás únicamente había agarrado la mitad del dinero y había desaparecido, dejando el asunto en manos de Mónica.
—Hola —dijo Regina, entrando a una oficina luego de tocar la puerta.

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