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Ex-esposa en coma: Abandonada a mi suerte romance Capítulo 18

Regina tragó saliva.

Se encontraba frente a la cafetería en la que había pactado verse con Ismael.

Miró por el cristal de la ventana y entonces comprobó que su cita ya se encontraba ocupando una mesa del sitio.

—¡Ay Dios! —gimió, sintiéndose repentinamente nerviosa.

Para empeorar su malestar, el hombre alzó la mirada en ese preciso instante y entonces la miró.

El gesto de saludo que le dedicó fue tímidamente correspondido, al tiempo en que entraba al local y se dirigía a la mesa predispuesta para los dos.

—Hola —lo saludó, dándole un corto beso en la mejilla.

—Hola, Regina. Qué gusto verte.

Ambos se sentaron uno frente al otro, mirándose por varios segundos hasta que apareció un camarero en busca de la orden.

El aroma del café recién hecho invadía el espacio, eso, y la esencia misma de su acompañante, quien debía de reconocer que usaba un perfume muy masculino.

Se acomodó mejor en la silla, apartando esos pensamientos, mientras sostenía la taza de café que acababan de traerle. Estaba nerviosa, y esto parecía notarlo Ismael, ya que, hacía su mejor esfuerzo por no presionarla, cosa que le agradecía bastante.

Observó por la ventana y pensó en lo extraño que era estar aquí, en este nuevo presente, compartiendo un momento con alguien que técnicamente era un extraño, pero quien, a la vez, había sido parte de su vida durante varios años. Pero aún le costaba procesar todo esto, aún le costaba entender su nueva vida.

—¿Cómo te has sentido estos días? —preguntó él, rompiendo el silencio. Su tono era suave, pero sin perder ese toque profesional que había perfeccionado con el tiempo.

—Extraño —admitió, jugueteando con el borde de la taza—. A veces me pregunto si en algún momento todo esto dejará de sentirse tan... desconocido. O si quizá es un sueño… o si…

—¿Todavía te cuesta creer todo lo que te ha pasado?

—Sí, mucho —admitió.

Había días en los que se despertaba palpando el puesto vacío en su cama, como si esperara encontrar allí al Nicolás que la enamoró, como si esperara descubrir que todo aquello que le hicieron no era más que una pesadilla, una mentira, pero los días seguían pasando y nada de eso sucedía, la traición se veía cada vez más real y dolía.

Dolía sentirse tan sola.

—Es normal —agregó Ismael, al darse cuenta de aquel gesto triste en el rostro de Regina. No le gustaba para nada esa mueca en su cara, aunque debía de reconocer que verla despierta, escucharla hablar, notar sus expresiones faciales, era toda una maravilla. Algo que, sin duda, podría admirar toda la vida—. Despertar después de tanto tiempo no es solo recuperar el cuerpo, sino también la vida que quedó pausada. Así que te tomará bastante tiempo adaptarte a los cambios, pero lo conseguirás. Estoy seguro.

—Gracias.

Regina lo observó con cierta admiración. Era un hombre joven, sí, pero había algo en su manera de expresarse que reflejaba una experiencia más profunda de lo que su edad sugería.

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