Las puertas de vidrios se abrieron y Regina entró a la sede principal de Tecnocom con la mirada fija en el objetivo. No tenía ni la menor idea sobre el negocio, solamente sabía que se dedicaban a desarrollar tecnología, pero esperaba aprender lo restante en los próximos días. Después de todo, tenía toda la intención de hacerlo.
En la sala de juntas, los ejecutivos la esperaban con expresiones de expectación y fastidio. Ninguno sonreía, lo cual no le representó mayor sorpresa luego de recordar su primer día fallido. Nadie la quería en ese lugar, pero ella no se iría. No les daría el gusto a ninguno.
—Bienvenida de nuevo, Regina —dijo uno de ellos, Mateo, el director financiero. Sus palabras eran aparentemente amables, pero su expresión estaba lejos de serlo—. Entendemos que esta situación es complicada para ti, pero hay decisiones urgentes que tomar. Puedes tomar asiento —le invitó al ver que seguía de pie.
Regina se aclaró la garganta y se sentó a la cabecera de la mesa, intentando recordar alguna pizca de información útil, pero no venía nada a su mente. Lo único que sabía era que su familia había fundado la empresa, que fabricaban computadoras y que estaban al borde de la quiebra, por lo que había que hacer algo para revertirlo muy pronto.
—Supongo que lo primero que debo preguntar es… ¿Qué hacemos exactamente? —Lamentablemente, no pudo ocultar la inseguridad en su tono. Se sentía perdida, como una niña jugando a ser una ejecutiva.
Un incómodo silencio se instaló en la sala. Sus interlocutores se miraron entre ellos como si acabara de decir la mayor insensatez del mundo. Fue Santiago, el jefe de producción, quien rompió la tensión con un suspiro exasperado, como si acabara de agotar toda su paciencia, lo cual, bien, podría ser cierto.
—Fabricamos computadoras, procesadores y servidores —dijo de manera golpeada, sin el menor intento de aparentar ser amable. En su lugar se parecía a un profesor que explicaba la información por undécima vez a un alumno muy tonto—. Hemos estado diversificando, pero la línea de hardware sigue siendo nuestro fuerte.
—¿Diversificando cómo? —La pregunta escapó de sus labios, pero no había leído nada de eso en los documentos que le habían pasado el día anterior.
—Software propio, inteligencia artificial aplicada, pero los resultados han sido… discutibles en el ámbito financiero. Quizás esas decisiones arriesgadas nos llevaron a esto —intervino Valeria, la directora de tecnología, con un poco más de sosiego. Parecía ser la única verdaderamente amable en ese grupo de malhumorados—. Y ya que preguntas, ¿cuál es tu visión para la empresa? Porque imagino que no querrás simplemente sentarte en esa silla sin rumbo.
—Mi visión es aprender rápido y tomar las mejores decisiones posibles —respondió, fijando la mirada en Valeria—. Así que, en lugar de recordarme todo lo que no sé —miró al grupo completo—, ¿por qué no empezamos con lo básico? ¿Qué proyectos están en marcha, qué retos enfrentamos y qué soluciones han considerado hasta ahora?
Regina se felicitó a sí misma. Su tono no admitía réplica. Y finalmente comenzaba a sentirse como toda una ejecutiva.
Mateo resopló y abrió su laptop.
—Está bien. Empecemos.
La reunión continuó con informes atropellados y explicaciones a medio hacer, pero absorbió cada palabra con la determinación de quién sabe que su única opción es adaptarse… o hundirse.

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