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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 364

Casi tenía que agradecerle a Silvana Iriarte. Si no hubiera sido porque se enfermó, Sebastián no habría salido dando un portazo de esa manera, y ella habría quedado atrapada sufriendo toda la noche en aquella casa.

Eso estaba mejor así.

En cuanto a lo que toda la familia Zambrano pensara de ella, le daba igual.

Vera sabía que Sebastián estaría bastante ocupado esa noche.

Como estaba cerca de la Residencia Zambrano, decidió conducir hasta allá.

Durmió profundamente, sin soñar.

Durante los siguientes dos días, Vera y Sebastián no volvieron a verse.

Tampoco hubo mensajes de ninguno de los dos.

Era como si la sutil "discusión" de aquella noche hubiera sido solo una ilusión, como si el incidente del "aborto" en la mansión principal de la familia Zambrano jamás hubiera ocurrido.

Todo parecía en completa calma.

Vera tenía mucho trabajo, especialmente ahora que Cénit MedTech se sumaba a sus responsabilidades, obligándola a dividirse entre dos frentes.

De vez en cuando, pedía actualizaciones sobre Cénit MedTech.

El Director Tamayo le informó: —Directora Suárez, el equipo de la señorita Iriarte ha sumado a más personas. Dicen que van a añadir nuevas funciones a su proyecto; no solo quieren asistencia en consultas, sino que el robot también tenga capacidad para entrar al quirófano como apoyo en cirugías mayores. Probablemente necesiten más recursos.

Vera captó el punto clave de inmediato: —¿Ella habló directamente con usted?

El Director Tamayo entendía por qué Vera preguntaba eso. La tensión entre ambas mujeres era como una liga a punto de romperse, y cuando lo hiciera, los únicos lastimados serían los subordinados atrapados en el medio.

—Sí... la señorita Iriarte me pidió que yo aprobara y firmara la solicitud directamente.

Pero la verdad iba más allá.

Silvana Iriarte lo había buscado muchas veces ya. El proyecto estaba en una etapa crítica y, además de dinero, requería que Cénit MedTech movilizara diversos recursos y canales para respaldarlo.

Era un proceso que costaría mucho tiempo y esfuerzo a la empresa.

Necesitaba la autorización de la máxima autoridad.

Sin embargo, Silvana nunca se dirigía a Vera, como si la dueña de la empresa simplemente no existiera.

Su arrogancia era más que evidente. Tamayo lo notaba, pero estaba entre la espada y la pared.

Vera entendía perfectamente la intención de Silvana. Parecía que al ignorarla y no pedir su aprobación, Silvana sentía que no se estaba rebajando ante ella.

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