La pregunta tomó a todos por sorpresa.
Julián negó con la cabeza:
—No, es el único hijo de la familia Zárate. Si no se ha casado, ¿de dónde iba a sacar un hijo?
Sebastián bajó la mirada, observando los hielos en su copa:
—Entonces debe ser de la familia Herrera.
Esa linda niñita debía ser la misma que casi tiene un accidente con Saúl Jr. y terminó en el hospital.
Y, lo más importante, era la misma niña por la que Vera le había armado un escándalo monumental.
Leo entendió de quién hablaba Sebastián.
Y explicó:
—Hace un momento vi a Vera y a Pedro cuidando a una niña ahí abajo. Vera la trataba como si fuera suya, sus ganas de ser madre salían por los poros.
—¿De la familia Herrera? —Julián recordó al joven líder del clan—. Vera solo se lleva con Ivonne Herrera. Ivonne tiene un hermano menor, pero aún está en la universidad; no puede ser hijo suyo. ¿Desde cuándo la familia Herrera confía tanto en Vera como para dejarla pasearse por ahí con uno de sus hijos?
—¿Estás seguro de que es de los Herrera?
Los ojos de Sebastián eran tan oscuros como la tinta:
—Sí.
En el hospital, lo había preguntado en la recepción.
La niña se llamaba Lina Herrera.
Sin duda, era de la familia Herrera.
Al ver el interés de Sebastián por una niña ajena, Silvana apretó los labios y preguntó:
—Sebastián, ¿por qué el repentino interés en una niña de los Herrera?
Por lo que ella sabía, Sebastián no era un hombre al que le entusiasmaran los niños.
Ni siquiera le prestaba tanta atención a su pequeño Saulito.
Su pregunta hizo que los demás lo miraran también.
Sebastián se recostó en la silla, su rostro atractivo y frío como siempre, sin mostrar emoción:
—Solo curiosidad.
Silvana lo pensó y le encontró sentido.
Se la habían cruzado en la entrada, y Vera estaba ahí. Seguramente, Vera estaba usando a la niña de otra persona para hacerse notar frente a Sebastián.
Era una forma de insinuarle que quería tener un hijo.
Ese tipo de trucos baratos.

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