Alexa se estremeció de golpe.
Sus grandes ojos húmedos reflejaron un dolor profundo.
Claramente no se esperaba que Julián fuera tan mordaz y agresivo con sus palabras.
La estaba echando.
Ciro Valdés frunció el ceño con severidad:
—Este hijo rebelde.
Conocía perfectamente el carácter de su hijo.
No había forma de razonar con él cuando se le metía una idea en la cabeza; era terco como una mula.
Julián agarró a Vera por el brazo y se la llevó de ahí.
Viviana se apresuró a darle unas palmaditas en el hombro a Ciro para calmarlo:
—No pasa nada, Julián aún me guarda rencor, lo entiendo. No te enfades, no te hace bien a la salud.
Los ojos de Ciro estaban cargados de frustración:
—¡A su edad y todavía se comporta como un inmaduro!
Alexa forzó una sonrisa débil:
—Papá, no te enojes. Entiendo a mis hermanos. Voy a buscar a Vera para pedirle una disculpa en persona. No debí armar tanto escándalo solo por mi alergia.
Al ver lo considerada y dócil que era, Ciro aflojó la tensión de su entrecejo:
—Tampoco fue tu intención.
-
Vera se dio cuenta, por supuesto, de lo mucho que Julián intentaba protegerla.
Pero ella era de las que no olvidaban fácilmente los agravios.
El muro de hielo entre ellos no se derretiría tan rápido.
Caminaron hasta llegar a la sala de estar.
Julián se adelantó para servirle una taza de té:
—Esta propiedad la compró el abuelo cuando aún vivía. En ese entonces, él sabía que le había fallado a nuestra madre, y la culpa por tu desaparición lo enfermó gravemente. Durante esos años, decidió alejarse de los negocios de la familia y se dedicó a recorrer el país entero, con la única esperanza de encontrarte. Incluso en sus últimos momentos, cuando ya no estaba lúcido, no dejaba de repetir tu nombre.
Vera no tenía idea de esa historia.
De pronto, la imagen de un anciano, en su lecho de muerte, con la mirada perdida y balbuceando el nombre de su pequeña nieta, cruzó por su mente.
Sintió un pinchazo agudo en el corazón.
Aunque Ciro le resultara indiferente.
Los abuelos de la familia Valdés habían dado la vida por ella.
—Antes, La Mansión Valdés en Marbella era hermosa, llena de flores. Lo que más había eran jazmines y gardenias... Todas las plantó nuestra madre, le encantaban las flores. Pero desde que ella falleció... —Julián dejó la taza en la mesa, con la mirada ensombrecida por la melancolía—. Esas flores y plantas fueron desapareciendo poco a poco, hasta que las arrancaron por completo. Hoy en día, en La Mansión Valdés solo quedan plantas de interior que no florecen. No dejaron ni rastro de lo que ella hizo.
Él era demasiado pequeño cuando eso pasó.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...