Esto superaba por completo lo que ella había previsto.
Se le había escapado un detalle crucial.
Con un hombre como Sebastián, en el instante en que se formalizaba el divorcio, era evidente que habría una fila de candidatas esperando ocupar su lugar. Y sin duda, sería una elección minuciosa, la compañera más perfecta posible.
Lo que no imaginó era que pasaría tan pronto.
La última vez que lo vio en el barco, la actitud de Sebastián hacia ella había sido de una frialdad cortante.
Él no era el tipo de hombre que se enredara en romances pasajeros o jugara con los sentimientos de cualquiera. Eso la hizo experimentar una sensación de descontrol que no esperaba.
Alexa se quedó inmóvil un largo rato.
Con la mirada clavada en el suelo, se mordía el labio, sumida en sus propios pensamientos.
-
Doña Elia Valdés terminó su reunión y fue a buscar a Vera a toda prisa.
Tanto Vera como Julián mantuvieron un pacto de silencio sobre el asunto de Viviana y la tala de los árboles.
Originalmente, Vera solo planeaba acompañar un rato a Doña Elia.
Pero, sin darle tiempo a negarse, la señora sacó una pila de documentos listos para el traspaso de la propiedad.
—No tardarán nada en tramitar esto. Te lo dije: es tuyo. También era la última voluntad de tu abuelo —dijo Doña Elia con el rostro iluminado de satisfacción.
Ante el temor de que Vera se negara, volvió a escudarse en el difunto Don Héctor.
Vera podía notar que los abuelos de la familia Valdés la amaban con una devoción profunda, hasta los huesos.
Ellos también habían sido víctimas de lo ocurrido en el pasado.
Vera lo meditó una y otra vez antes de hablar:
—Hay cosas sobre las que aún no me decido, y no quiero ser esa clase de malagradecida que solo estira la mano para recibir beneficios sin corresponder a sus expectativas. Cuando lo tenga claro, volveremos a hablar de esto, ¿de acuerdo?
Si no hubiera presenciado el altercado de hoy con Viviana y Alexa, quizás su decisión habría sido diferente.
Pero lo que vio cambió su perspectiva de golpe.
Doña Elia abrió la boca un par de veces antes de soltar un suspiro de resignación:
—Sé que eres una buena chica... Está bien, no te preocupes, puedes tomarte el tiempo que necesites. De todas formas, esta finca ya estaba a tu nombre en mi testamento y en el de tu abuelo. Solo te pertenece a ti.
A ella no le gustaban las promesas vacías ni las formalidades huecas.
El verdadero amor debía demostrarse con hechos.
Vera se quedó paralizada.
Eso la tomó por sorpresa.
Algo en su interior se conmovió profundamente.
Hacía mucho tiempo que no experimentaba ese nivel de aceptación incondicional, de ser protegida y amada sin reservas por una familia.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...