La chica fingía ser fuerte, como si no quisiera ser una carga para él.
A pesar de que su reputación estaba arruinada y se enfrentaba a malentendidos y humillaciones.
Parecía decidida a no ponerlo en una situación difícil.
Sebastián soltó una risa seca y repentina, lo que hizo que sus facciones, ya de por sí atractivas, adoptaran un aire perverso: —¿Eres tan ingenua que de verdad crees que la familia Zenteno se va a detener a escuchar tus explicaciones?
Los ojos de Alexa temblaron, llenándose de lágrimas: —Lo siento...
—A estas alturas, dudo mucho que los Zenteno crean una sola palabra tuya. Solo pensarán que yo te obligué a hacerlo. Daniela no es de las que perdona fácilmente.
El rostro de la joven reflejó una profunda tristeza y, sin poder evitarlo, dio un paso hacia él: —¿No podría usted ayudarme, señor Zambrano? Ya que sabe que soy adoptada por los Valdés, debe entender que después de lo de hoy, en mi casa pensarán que solo traigo problemas. Temo que la abuela me malinterprete. Al fin y al cabo, soy una señorita de la familia Valdés, y un escándalo así ensucia nuestro nombre. Señor Zambrano, ¿no podría...pedirme la mano a la familia Valdés?
Estaba suplicando. Probablemente el miedo a las represalias de su familia era genuino.
La joven temblaba, presa del pánico.
—Lo que pasó hoy no fue planeado por ninguno de los dos, fue un accidente. Pero ya que ocurrió... la familia Valdés no es inferior a la familia Zenteno, ¿no es así?
Todos tenían en la mente la imagen de ella a medio vestir y el aura de intimidad entre ambos. Cuando se trata de dos familias tan poderosas, un escándalo así no es un juego de niños.
Especialmente cuando los Zenteno lo vieron todo con sus propios ojos.
De todos modos, el daño ya estaba hecho.
Una alianza entre sus dos familias no sería una mala salida.
De hecho, parecía la solución más lógica.
Sebastián la observó a través del humo. La chica, aterrorizada por perder su honor, se veía forzada a hacer semejante petición.
Él sacudió la ceniza del cigarrillo: —Pedir tu mano.
Alexa contuvo la respiración, se secó las lágrimas apresuradamente y su rostro inocente se iluminó con profunda gratitud: —Si usted no desea casarse realmente, podemos cancelar el compromiso más adelante. Solo necesito que me ayude a salir del paso con mi familia...
No alcanzó a terminar la frase.
—¿Acaso crees que estás a mi altura?
La voz gélida de Sebastián cortó sus palabras, dejándola paralizada. Hasta las lágrimas se congelaron en sus ojos.
—...¿Qué?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...