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¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor! romance Capítulo 119

Irmina mantenía una sonrisa en los labios, esa expresión en su rostro parecía una máscara perfectamente colocada.

En el fondo, Nuriel no podía aceptar tal cambio. Antes, siempre era ella quien miraba a Irmina desde una posición de victoria. Pero, ya en ese momento, ésta última estaba en lo alto.

Nuriel apretaba fuertemente su mano, sus ojos llenos de resentimiento. Irmina le lanzó una mirada fría, su atención se desvió hacia Marciano, quien estaba lidiando con otros accionistas. Con una sonrisa helada, le dijo suavemente: "¿Crees que, en esta situación, Marciano aún dividirá una parte de las acciones de Grupo Monroy contigo?".

Nuriel apretó los dientes con fuerza, mirándola con odio: "No es que quiera por fuerza las acciones de Grupo Monroy. Con tal de que papá supere este obstáculo, creo que me dará más satisfacción".

Al oír eso, Irmina soltó una carcajada: "Nuriel, ¿no crees que estás exagerando con tu actuación? Si ni siquiera ama a su propia hija, ¿cómo podría amarte a ti, que no tienes ningún lazo de sangre con él? ¿Todavía intentas herirme con la excusa del amor familiar? Pues déjame decirte que ya no funciona", y tras decir eso, se levantó de su asiento y siguió a los otros accionistas hacia la sala de reuniones.

Nuriel se quedó parada en su lugar, su rostro se oscureció enormemente. Todos los accionistas habían llegado, y Marciano se vio obligado a entregar los libros de cuentas de la empresa.

Todo estaba sucediendo como Irmina había previsto. Los accionistas decidieron unánimemente revisar el plan de dividendos en la reunión anual. Justo cuando Marciano pensaba que el asunto estaba llegando a su fin, ella, sentada al final de la mesa, habló con voz suave: "Grupo Monroy ha invertido mucho estos años, pero el retorno ha sido mínimo. Creo que esto puede estar relacionado con la filosofía de gestión y el sistema administrativo de la empresa. Ya que todos estamos aquí, propongo que en la reunión anual de accionistas de este año elijamos nuevos directores y cambiemos los estatutos de la empresa, para darle a Grupo Monroy un mejor futuro y desarrollo".

Ella sabía que otros accionistas no se atreverían a decir palabras que ofendieran a Marciano, pero una vez que ella hablara, seguirían su ejemplo; sabía que la relación con su padre ya era irreparable, así que no le importaba ser quien diera el primer paso.

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