En verdad lo que sentía Liu Yang eran ganas de gritar, pero no podía porque no quería que su esposa se enterara.
Los vecinos se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Sin embargo, no esperaban que todo terminara así. Percibieron que Jiang Ning y sus hombres no querían que la madre de Número Dieciocho se entristeciera, así que se marcharon en silencio.
Dentro de la casa, la señora insistía en ofrecerle agua y bocadillos a Jiang Ning, en cambio él la detuvo y le dijo que se sentara que él lo haría todo.
—Mamá, no se preocupe por mí, yo estoy bien. ¿Cómo está de salud? —preguntó Jiang Ning preocupado.
—Estoy bien, pero te extraño —dijo ella sonriendo—. ¡Te he hecho unas rodajas de calabaza seca porque te gustan mucho! Están afuera, ¡te las traeré!
—Mamá, siéntese aquí, yo las traeré.
Jiang Ning impidió que se levantara y salió de la casa. Afuera estaba Número Cinco consolando a Liu Yang. Jiang Ning se acercó con mirada solemne.
—Señor Liu Yang, Hui estaba conmigo. Murió por mi culpa, no lo protegí bien.
Número Cinco intentó decirle a Jiang Ning que no se culpara. Ellos habían elegido ese camino, decidieron proteger a Donghai, nadie los obligó. Jiang Ning les había enseñado mucho, eso ya era más que suficiente. Jiang Ning le indicó a Número Cinco que hiciera silencio.
»Hui no lo deshonró en lo absoluto. Es un héroe de Donghai, todo el mundo lo quiere y lo respeta. Muchos niños lo admiran.
Liu Yang no pudo decir nada, asintió mientras acariciaba con suavidad la urna; su cuerpo temblaba aún más.
—Número Cinco, lleva al señor adentro.
—¡Entendido!
Jiang Ning se retiró del patio. El Hermano Gou y otros se encaraban con los hombres que venían a crear problemas.
—Tú... ¡¿sabes quién soy?! ¡Si te atreves a tocarme, morirás!
¡Plaf!
A un lado de una oficina de más de ciento ochenta y cinco metros cuadrados, en una alta planta de un edificio, había una fuente termal artificial para poder trabajar y relajarse al mismo tiempo. Dentro de las aguas termales había un hombre calvo con una mujer abrazada a su cuerpo. Ella reía con alegría entre sus brazos.
—Una vez que concrete este proyecto, ¡ganaré varios miles de millones! —decía con arrogancia Zhuang Fen—. Nena, ¿sabes lo grande que va a ser ese centro para jubilados?
—No lo sé, solo sé que... ¡Es muy grande! Grande en verdad. —Lo miraba con coquetería mientras lo acariciaba.
Zhuang Fen respiró profundo y detuvo en ese instante las caricias de la chica porque si continuaban, no haría nada más el resto del día, debía controlarse.
—¡Hora de descansar! —dijo de repente—. Después de este chapuzón, necesito descansar un rato. Me estoy poniendo viejo.
La mujer se rio con más entusiasmo.
—Señor Zhuang, ese terreno no está nada mal. Yo también fui a verlo. El paisaje es estupendo y la brisa es deliciosa. Si desarrolla esa zona, seguro que atraerá a mucha gente. Pronto ganará mucho dinero. Pero los que viven allí no parecen estar dispuestos a mudarse, ¿verdad?
—Ya he sido bastante amable al ofrecerles un precio justo. En otros tiempos, ¡no habrían conseguido ni un céntimo! ¡Debo conseguir ese terreno cueste lo que cueste! —dijo Zhuang Fen en tono jactancioso.

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