A Zhuang Fen, le parecía bien que los dueños del terreno obtuvieran algo de dinero. No quería llamar la atención. De lo contrario, si utilizaba su antiguo método, ¿se atreverían los lugareños a pedir dinero? Era probable que ni siquiera sobrevivieran para pedirlo.
Zhuang Fen había sobrevivido no porque fuera caritativo. Había comenzado su carrera en el sector inmobiliario hacía más de diez años. En aquella época los negocios eran muy turbulentos. Si no eras cruel y hábil, podías olvidarte de ganar dinero. Aunque las cosas habían cambiado mucho y él se contenía un poco, todavía había algunos métodos antiguos que le ayudaban a lograr sus objetivos.
Riiing…
El teléfono empezó a sonar. Zhuang Fen vio quién llamaba y enseguida sonrió.
—Creo que me he sacado la última piedra en el zapato. —Aceptó la llamada y dijo con calma—: ¿Qué tal? Esos dos viejos se han puesto de acuerdo, ¿no? Si son inteligentes tomarán el dinero, buscarán una residencia de ancianos y dejarán de estorbar en mis asuntos…
—¡Señor Zhuang! ¡Sucedió algo! —La persona al teléfono no dijo lo que él esperaba—. Los hombres que envié han recibido una gran paliza. Al parecer, ¡el hijo de los ancianos ha vuelto!
En ese instante, la expresión de Zhuang Fen cambió.
—¿Cómo dices?
—¡Su hijo es ese Liu Hui que al parecer está metido en los círculos ilegales! ¡Es tan feroz que les dio una paliza a todos mis hombres! Además, dijo que usted debe reunirse con él dentro de treinta minutos y que, si no lo hace, ¡ni los dioses podrán salvarlo!
Zhuang Fen soltó una gran carcajada desdeñosa al escuchar aquello.
«¿Verlo dentro de treinta minutos? ¿Los dioses no podrán salvarme? ¡Vaya broma! Este Liu Hui no es más que un don nadie involucrado en el círculo ilegal, ¿qué se cree, un pez gordo? ¿Acaso cree que yo nunca he pasado por el círculo ilegal? ¡Ya yo estaba en eso antes de que él naciera!».
—¡Quieren ganar de todas maneras, eh! —Zhang Fen estaba furioso—. ¿Por qué te molestas en llamarme si es un asunto fácil de resolver? Si no cooperan, ¡ocúpate de ellos!
—Señor Zhuang...
—Solo tres o cuatro.
—¡Inútiles! —gruñó el hombre de la cicatriz—. ¿Ustedes se asustan con tres o cuatro hombres? Yo pensé que hablaban de trescientos o cuatrocientos hombres.
Lo habían hecho quedar mal ante Zhuang Fen. Tenía unas ganas incontrolables de abofetearlos.
—Hermano Dao, ¡eran bastante intimidantes!
Temblorosos, todos tragaron en seco. Aun sin estar enojado, Jiang Ning intimidaba. La manera en que los miró hacía que se les agitara el corazón.
—Si se asustan con tres o cuatro hombres, entonces ¿para qué trabajan en esto? —rugió enojado el hombre de la cicatriz—. ¡Si no logran encargarse de un asunto como este entonces olvídense de ganar dinero! —exclamó burlándose mientras se levantaba—. ¡Busquen el bulldozer! Les derribaremos la casa y luego los compensaremos alegando que fue un accidente. ¡Vamos a ver qué van a hacer respecto a eso! Me encargaré de los que les dieron la paliza, les partiré las piernas.

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