Entrar Via

Hormonas traicioneras romance Capítulo 8

—Tu marido se ha esforzado mucho para que te vayas sin un centavo en el divorcio —dijo Leonardo, remarcando con sarcasmo las palabras «tu marido».

América llevaba años casada con Roberto y jamás había sentido esa conexión de pareja, pero en este momento, sentía una vergüenza genuina por las bajezas de ese hombre.

Y miedo, claro.

Menos mal que se equivocaron de cuarto. Si no, en este momento Roberto estaría juzgándola desde una falsa superioridad moral, el muy cínico.

En la habitación de al lado, Roberto se dio cuenta de que se había equivocado de víctima.

—¿Qué pasa? ¿Dónde está? ¡Me dijeron que América estaba aquí revolcándose con alguien! ¿Dónde está?

El escándalo afuera cesó unos segundos.

—Era aquí...

—¿No se habrán equivocado y era en la de al lado?

Los pasos furiosos se acercaron a la puerta de la habitación de Leonardo.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

Roberto empezó a golpear la puerta de Leonardo.

Los golpes secos resonaban como tambores en el pecho de América.

—¡Abre! ¡América, sal de ahí! ¡Salgan, par de cerdos!

América entró en pánico. Roberto era un prepotente que no paraba hasta conseguir lo que quería. Si se le metía en la cabeza abrir esa puerta, la echaría abajo si era necesario.

No podía permitir que la «atraparan» así. De ninguna manera.

América levantó la vista hacia Leonardo.

—Ayúdame... —suplicó en voz baja.

Capítulo 8 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Hormonas traicioneras