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Humillada por ti, amada por tu enemigo romance Capítulo 14

Ximena Esquivel tenía un gato Ragdoll en su casa, y cada vez que Dafna iba de visita, no paraba de acariciarlo y mimarlo.

Sin embargo, por mucho que intentara limpiarse, los pelos de gato siempre se le pegaban. En una ocasión, Walter lo notó y le hizo un comentario con tono sarcástico:

—Al fin y al cabo, eres la hija biológica del tío Juárez, ¿cómo es que tus costumbres son tan distintas a las de ellos? ¿Qué le ves de interesante a esa cosita? Clara jamás tocaría algo así.

Esa fue una de las raras ocasiones en las que Dafna no pudo contener sus emociones y terminó discutiendo con él.

—No lo adopté ni le estoy dando de comer, solo fui a la casa de Xime y lo acaricié un poco. Limpié mi ropa antes de volver, ¿ni siquiera eso puedo hacer?

Aún recordaba que, tras escucharla, Walter solo le lanzó una mirada fría y se marchó del apartamento.

Después de eso, no fue a visitarla durante medio mes ni le dirigió la palabra. Al final, fue ella quien tuvo que ceder, disculparse y prometer que no volvería a la casa de Ximena para que se reconciliaran.

Y por esa misma razón, Ximena le había dicho que estaba ciega y perdida por amor.

Había pasado año y medio desde la última vez que tocó a un gato.

—Se llama Mochi. Le gusta subirse a la cama a dormir, así que asegúrate de cerrar bien la puerta esta noche.

—Mochi, qué nombre tan adorable.

Dafna ignoró por completo la segunda parte de la oración, se puso las pantuflas, corrió adentro y levantó a Mochi. Alzó una de las patitas del gato y, mirándolo con una sonrisa, le dijo a Mariano:

—Son casi idénticos.

Los ojos de Mariano se oscurecieron; parecía mirar al gato, pero a la vez, la miraba a ella.

—Sí, idénticos.

Con Mochi allí, toda la atención de Dafna estaba centrada en él. Una hora más tarde, cuando Mariano terminó de ducharse y se acercó, ella por fin volvió a la realidad: estaba en la casa de su nuevo esposo, no en un café de gatos, y no debía ser tan descortés.

—¿Ya terminaste de jugar?

Mariano se acercó a Dafna vistiendo una bata de seda gris. Ella levantó la vista y sus ojos viajaron desde el abdomen del hombre hasta las líneas marcadas de sus músculos, sutilmente visibles bajo la tela, aunque lo más llamativo era el bulto en su entrepierna.

Capítulo 14 1

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