Tras vestirse deprisa y regresar al apartamento, Dafna se desabrochó el cinturón de seguridad y se dispuso a bajar del auto.
A su lado, Mariano se aclaró levemente la garganta.
—¿No quieres que te acompañe?
Que alguien estuviera forzando la cerradura a mitad de la noche era peligroso bajo cualquier perspectiva, pero tratándose de Walter, el nivel de amenaza no era tan alto; ella sola podía manejarlo.
—No es necesario, puedes irte... yo me haré cargo de esto.
Cortar lazos por completo con un exnovio era algo que Dafna todavía era capaz de hacer.
Pero Mariano frunció el ceño con profunda preocupación.
—¿Y si Walter intenta acosarte?
—No lo hará.
Dafna se giró hacia él, bromeando a sus propias expensas:
—Él es el más interesado en terminar conmigo.
Mariano no sonrió.
Los duros ángulos de su rostro quedaron sumidos en las sombras del vehículo, adoptando una expresión sombría. Sin embargo, la atención de Dafna fue a parar a la rectitud de su nariz.
A Ximena le fascinaba ver videos cortos de chicos guapos, y cuando veía unos buenos abdominales, gritaba de emoción y les daba un montón de "me gusta". La frase que Dafna más le había escuchado repetir era: "Si tiene la nariz así de bien formada, de seguro allá abajo debe estar enorme".
Si no fuera por Walter...
Tal vez esta noche...
Su corazón dio un vuelco. Dafna sacudió la cabeza para volver a la realidad.
—Entonces, subiré primero.
—De acuerdo —respondió Mariano con voz profunda.
Dafna entró por la puerta del edificio. Él bajó del auto, se recargó en la puerta del vehículo, encendió un cigarrillo y fumó mientras esperaba.

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