CAPÍTULO 11. El instinto de un hombre terco
Logan
—¡Te hice una pregunta! ¡¿Qué le pasa?! ¿Por qué se puso así? —le pregunto, recordando que no es la primera vez que veo ese gesto de dolor en su cara.
Vincent me observa con esa mirada de condescendencia que tanto me irrita, como si realmente creyera que tiene todas las respuestas.
—Liliana también se está recuperando de una operación. Y aun así ha estado al lado de tu cama en las últimas semanas. No te mataría ser un poquito menos ogro con ella —sentencia caminando hacia la puerta, pero no va a averiguar porque sabe que no se debe interrumpir a los médicos mientras trabajan.
—¿Operación? —repito, sin ocultar la confusión en mi voz—. ¿Ella también estuvo en el accidente? ¿O era ella la que iba montando a Berserker? No… no puede ser… Berserker no se deja montar por nadie que no sea yo…
Vincent niega con la cabeza, serio, y me mira a los ojos.
—No, Logan. No fue un accidente para ella. La operación fue un trasplante. —Hace una pausa, y yo noto cómo me mira, midiendo mis reacciones como si esperara que lo que va a decir me haga más humano o algo—. Liliana te donó la mitad de su hígado. El tuyo colapsó por las lesiones, necesitabas un trasplante con urgencia y ella fue tu donante.
Me quedo en silencio, sin procesar del todo lo que me está diciendo. La mitad de su hígado… Me llevo la mano a la bata y me la levanto lentamente porque me cuesta creer que lo que dice es cierto. Ahí está la herida, recién cicatrizada, tan real que casi puedo sentir el filo del bisturí que la hizo.
—¿Y me estás diciendo que ella… que ella se sometió a eso por mí? —le pregunto, sin molestarme en esconder mi tono incrédulo. Esto no encaja, nada de esto lo hace. Es absurdo—. ¿Cuánto les cobró?
—¡Pero qué burro eres, carajo! ¡No cobró nada, lo hizo porque es tu esposa, porque te ama! ¡Y antes de que digas otra estupidez, me cuesta mucho trabajo creer que alguien arriesgaría su vida y se dejaría sacar un pedazo por alguien que no ama! —responde Vincent—. Además, era la única compatible aquí.
Y mi confusión queda para después porque eso me hace notar un detalle. Mi padre y mis otros, ¿dónde están?
—¿Y dónde diablos está el resto de la familia? —le suelto, con un tono más agresivo de lo que pretendía—. Mi padre, Christian, Gemma… ¿Por qué no están aquí si yo estaba al borde de la muerte?
Mi hermano suspira, y algo en su expresión se suaviza aunque sigue molesto.
—Christian y papá están en una de esas excursiones de alpinismo en el Himalaya. No hemos podido contactarlos; ya sabes cómo son en esos viajes, apagan todo y se desconectan del mundo.
—¿Y Gemma? —pregunto por si también me perdí algo más y mi hermano bufa con cansancio.
—Gemma… bueno, ella… nos bloqueó a todos desde que pasó lo de su novio. ¿Te acuerdas de eso?
Hago una mueca de fastidio, pero sus palabras me incomodan de una forma que no quiero admitir. ¿Amor? ¿Por mí? Eso parece tan lejano, tan fuera de lugar. Y sin embargo, me cuesta desmentirlo del todo, sobre todo después de ver el miedo y el alivio en sus ojos cuando me desperté.
—Mira, Vincent, no me convence ni un poco esta historia de amor. Hay demasiadas cosas que no cuadran —sentencio con mi terquedad natural que indudablemente es una de mis mejores cualidades—. Mi instinto me dice que hay algo más detrás del accidente con el caballo...
Vincent se queda callado, al menos me está escuchando en lugar de tratarme como a un desmemoriado.
—¿Qué es lo que estás insinuando, Logan?
—No sé todavía. Pero aunque todos ustedes estén convencidos de que esa mujer es mi esposa y me ama… —murmuro, y una sonrisa cínica cruza mi rostro—, yo no le creo nada.
Mi hermano suspira y se pasa una mano por el cabello, exasperado.
—¿Qué es lo que quieres hacer, entonces? ¿Te consigo un abogado de divorcios?
—¡No!... Quiero decir: no por ahora. Voy a aceptar esta narrativa de que Liliana es mi esposa, pero solo porque necesito tenerla cerca… ¡para investigar! —aclaro y Vincent parece a punto de protestar, pero al final simplemente asiente, resignado—. Dile a Esteban que la traiga en cuanto pueda moverse… no quiero que vuelva a salir de mi vista a partir de ahora.

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