TOMO 3. CAPÍTULO 151. La primera Victoria
Liliana
Pensé que esto sería más fácil. Pensé que todo lo que planeé con tanto cuidado funcionaría sin mayores sobresaltos, que podría manejar la presión y que, como siempre, tendría todo bajo control. Pero no contaba con Logan.
Es un martirio estar aquí con él. Está desesperado, como un león enjaulado, gruñe por todo, se pelea con cualquiera que se le cruce, y no deja de intentar inútilmente que yo coma algo. No quiero comer.
—Liliana, por favor, aunque sea una galleta.
—No tengo hambre, Logan.
Me mira con esa mezcla de frustración y preocupación que es tan nueva para mí; pero no insiste. Es inútil tratar de explicarle que tengo cosas más importantes en las que pensar que en comida.
El primer día pasa en un limbo extraño. Afuera, el mundo entero parece estar girando alrededor de mi nombre. Cada hora, el comisionado da una nueva declaración, como si disfrutara de su momento en el reflector. Y en cada una de ellas, me acusa de algo peor: tráfico humano, explotación, esclavitud fueron solo las primeras. Al parecer soy el anticristo de Los Ángeles y acabo de emerger del infierno. Alguien debería decirle que un poco de moderación lo haría más creíble.
Cuando amanece, las noticias son un desastre. La empresa está hecha pedazos. Las acciones se venden por centavos. En un punto, uno de los abogados me muestra el reporte en su tablet, y no puedo evitar soltar una risa amarga.
—Lili… ¡Lili no podemos quedarnos tranquilos! ¡Esto es prácticamente la ruina para tu empresa…! —murmura Logan, pasándose una mano por el cabello.
—Es perfecto —respondo mordiéndome el labio inferior.
—¿Perfecto? —me mira como si estuviera loca.
—Perfecto —repito, sin mirarlo.
Logan no entiende. Claro que no entiende. Y lo peor es que su desesperación se hace más evidente con cada minuto que pasa. Finalmente, me mira con esa intensidad que tiene cuando está decidido a algo.
—Lo siento pero no me voy a quedar tranquilo —gruñe y se gira hacia Bradshaw con una orden directa—. Pon los hospitales como respaldo.
—¿¡Qué…?! ¡Señor St Jhon, no puede hacer eso…! Si esto no se soluciona y BR Savage Tea se hunde entonces… entonces todo el consorcio de hospitales se hundirá con ella! —exclama tratando de convencerme, pero yo ya he tomado mi decisión.
—No te pregunté tu opinión, te di una instrucción y tú estás aquí para cumplirla. Si la compañía de Liliana se hunde entonces nos hundiremos con ella, así que pon los hospitales como respaldo y compra tantas acciones de BR Savage Tea como se pueda para nivelar el mercado, págalas a sobreprecio, que parezca que están subiendo…
—Logan… —intento detenerlo porque esta es otra cosa que no me esperaba. Sé que mi compañía no va a hundirse, pero Logan no lo sabe, y no esperaba que él accediera a jugarse los hospitales por mí.
—Está bien, Fresita, sé lo que hago, a veces también hay que engañar un poco a la bolsa de valores, si les hacemos creer que las acciones están subiendo de nuevo…
—¡Logan! —le grito y lo veo girarse en redondo con esa expresión determinada y feroz que me sorprende, porque entiendo que llegará hasta las últimas consecuencias esta vez.
Lo miro fijamente, evaluándolo y me acerco a él despacio.
“El caso de Liliana Valencia” dice una periodista de la televisora más importante de este país, “ha sido un evidente complot para eliminarla como una de las magnates más influyentes de Los Ángeles en este momento, y también ha sido un atentado contra cientos de familias que están legalmente en el país”.
No puedo evitar sonreír.
En la pantalla salen grabaciones de cuando se llevaron a mis trabajadores en autobuses, empujándolos como si fueran animales, también están los fragmentos de cuando me caí frente a la comisaría.
“El Gobernador nos ha prometido un comunicado en pocos minutos, pero hasta donde podemos ver, todos los trabajadores retenidos cuentan con sus documentos de residencia en el país, por lo que no sabemos de dónde salieron las pruebas que le permitieron a la policía ir contra cientos de familias y aterrorizarlos de esta manera. Queda por verse si estamos ante un caso grave de corrupción o de discriminación, pero sea como sea, altas cabezas rodarán por esto”.
La periodista se gira para que la cámara enfoque las instalaciones de Migración, y veo cómo empiezan a liberar a mis trabajadores. Uno por uno salen por las puertas de las salas de retención, y los abogados de Logan están ahí, entregándoles papeles legales que acreditan su estatus como residentes de este país.
No puedo negarlo. Este es el inicio de la victoria, y Kolya es el verdadero héroe para esta gente.
Dos horas después, el detective que me interrogó antes entra en la sala, y no parece muy feliz de estar aquí.
—Valencia, estás libre.
Me pongo de pie lentamente, disfrutando cada segundo de su incomodidad, y me acerco a él lo suficiente como para que nadie más escuche lo que voy a decirle.
—Más te vale conseguirte otro trabajo. La fiesta se terminó para el comisionado. Y para ti también.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE