Entrar Via

IMPERDONABLE romance Capítulo 9

CAPÍTULO 9. Una pesadilla demasiado larga.

Logan

La primera imagen que se repite en mi cabeza es la de Berserker. Me veo sobre él, el viento en mi cara y la sensación de control que me da el estar sobre su lomo, hasta que de repente todo cambia. Siento cómo el caballo se revuelve debajo de mí, como si hubiera enloquecido. Se levanta en dos patas, furioso, y a pesar de todos mis intentos por calmarlo, no hay manera de controlarlo. Lucho por mantenerme firme, pero en un segundo estoy en el suelo y todo su peso parece aplastarme mientras caigo.

El dolor me atraviesa el cuerpo, pero cuando abro los ojos, de nuevo estoy sobre él, repitiendo la misma caída. La escena se repite una y otra vez, como un maldito ciclo del que no puedo salir. Y cuando no estoy cayendo solo hay oscuridad y un dolor persistente.

Quiero rendirme, dejarme ir, cerrar los ojos y dormir, pero hay un olor que se filtra entre el dolor y el delirio: un leve olor a fresas. Es dulce, un contraste con la oscuridad que me rodea, como si intentara retenerme.

Siento un peso en mi mano, dedos entre los míos. Hay una voz también, lejana, pero constante. Quiero dormir, pero ella no se calla… Sé que es una “ella”. Entre los relinchos furiosos de Berserker y la oscuridad está ella.

Abro los ojos esperando encontrarme encima de Berserker otra vez, pero en su lugar veo luces blancas que me hieren la vista. Parpadeo, gruño, debajo de mí no está mi caballo sino el colchón incómodo de una cama de hospital.

Estoy demasiado aturdido como para procesar lo que pasa a mi alrededor. Todo en mi cuerpo duele y siento el peso de mil agujas pinchándome en todas partes. A mi lado, en una silla, hay una mujer dormida. Parece pequeña, frágil, dulce, y soy un puto ogro pero lo primero que pienso es que esta enfermera es muy poco profesional. ¿¡Por qué demonios está dormida cuando se supone que debería estar cuidándome?!

“Recuerda despedirla”, me digo a mí mismo, pero la frustración y el dolor me superan, y le gruño algo que apenas sale de mi boca en un tono ronco.

—¿Qué diablos haces durmiendo en lugar de hacer tu trabajo…?

Ella abre los ojos, y me encuentro con una mirada que me deja congelado un segundo. Tiene los ojos grandes y asustados, pero segundo a segundo se llenan de una felicidad difícil de ocultar.

La veo levantarse, acercarse, tocarme como si no fuera real… y luego corre hacia la puerta, se tropieza, se lleva una mano al costado y juraría que hay un gesto de dolor ahí… pero no se detiene. En el instante en que sale de la habitación, grita llamando a los médicos. Siento mi propia respiración entrecortada y el sonido de los monitores pitando a mi alrededor me pone más nervioso.

Esto se siente tan irreal como el ciclo interminable con Berserker.

En pocos instantes la puerta se abre de nuevo y entra mi hermano.

—Golpéame… —gruño y él solo pone una mano sobre mi frente.

—No hace falta, estás despierto… ¡Dios, estás despierto! —dice Vincent y sus ojos se cristalizan. ¡Maldito ñoño, yo lo enseñé mejor que eso!

—Debo estar muerto ya… este seguro es el infierno —escupo pero en un acto instintivo, mis ojos van a las manos de la mujer.

Mi respiración se corta cuando veo el anillo que lleva puesto, un anillo que reconozco al instante: es el de mi madre, el que he guardado como un tesoro, bajo llave, desde que ella murió.

Algo en mi cabeza hace clic y una ola de rabia me invade.

No puede ser cierto. ¡No le daría ese anillo a nadie! ¡Este de verdad es el infierno! ¡Ella no puede tenerlo! ¡Quiero que se lo quite!

Tiemblo, sudo, el demonio que tengo dentro emerge de una vez y me da la fuerza suficiente para levantar el brazo y alcanzar su cuello, tirando de ella hacia mí con un gesto brusco

Mi cuerpo protesta con el dolor, pero no me importa.

—¿Quién carajo eres? —le gruño, apretando los dientes y sujetándola con tanta fuerza que juro que puedo sentir cómo corto la respiración en su garganta—. ¡Yo no le daría ese anillo a nadie! ¡Ni a mi esposa, ni a la reina, ni a la Santísima Virgen si bajara a hacer conmigo al próximo Mesías! ¡Así que dime quién coño eres… y por qué tienes el anillo de mi madre!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE