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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1133

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Todos esperaban un simple chisme de romances y triángulos amorosos.

¡Nunca se imaginaron que les tirarían semejante bomba!

Tirada en la cubierta, Pamela estaba pálida como un fantasma, con la cabeza retumbándole de mareos.

En sus oídos solo escuchaba las voces de todos murmurando y burlándose.

Podía sentir el peso de esas miradas de desprecio sobre ella.

Todo el orgullo y la dignidad que la habían mantenido a flote, ahora estaban siendo pisoteados hasta quedar hechos polvo.

—¿Qué pasa, Pamela? ¿Se te comió la lengua el ratón? —Rosana se plantó al borde del muelle, mirándola desde arriba—. ¿No te atreves a decirlo o te da vergüenza?

—Ya que tú no quieres abrir la boca... lo haré yo.

Rosana la señaló con el dedo y luego se giró hacia los demás competidores.

—Les cuento, esta tal Pamela no es ninguna señorita Ibarra. Solo es una usurpadora que robó...

—¡Cállate, cállate, cállate! —gritó Pamela con una voz aguda, poniéndose de pie de un salto.

Con los ojos inyectados en sangre, miró a Rosana con una rabia tan profunda que casi parecía querer matarla.

—¡Maldita, ¿a ti qué te importa?! ¡Cierra la boca! Si te atreves a decir una palabra más, te juro... ¡te juro que te mato!

Su mirada era puro veneno.

Era una intención asesina real. Ojos enrojecidos, llenos de ferocidad.

Rosana se llevó un susto y retrocedió un paso, a punto de tropezar.

Pero una mano la sostuvo.

Acompañada de una risa leve, casi imperceptible.

—¿Vas a matar a mi amiga?

Kiara puso Rosana detrás de ella y levantó la mirada lentamente, fijando sus ojos en la histérica Pamela.

Sus ojos seguían luciendo fríos y serenos, con ese toque de pereza elegante que la caracterizaba.

—Pero de tanto jugar a ser la señorita Ibarra durante veinte años... ¿se te olvidó que tu verdadera madre es una sirvienta exconvicta?

Los demás competidores estallaron en un alboroto inmediato.

—¡¿No se apellida Ibarra, sino Gómez?!

—¡Qué fuerte! ¿Y además es hija de la empleada de servicio?

—¡¿No puede ser?! ¿Su verdadera mamá es una sirvienta exconvicta y ella andaba por ahí haciéndose pasar por la hija de la familia más rica?!

—No inventes, entonces... ¿Pamela Gómez no es más que una usurpadora?

El rostro de Pamela pasó de blanco a verde, sintiendo una humillación que le calaba hasta los huesos.

—¡Mientes! ¡Cállate!

Se tapó los oídos con fuerza y empezó a gritar como loca:

—¡Soy la hija de los Ibarra! ¡Mis padres me aman! ¡Mis hermanos también me aman! ¡Fuiste tú! ¡Tú, la provinciana recién llegada, usaste tus trucos para robarme todo lo que era mío!

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