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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1134

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Pamela estaba histérica, al borde de la locura.

Como si gritar desesperadamente pudiera probar que seguía siendo parte de la familia Ibarra, la intocable señorita de alta sociedad.

Sin embargo, frente a su ataque de locura, el rostro de Kiara no mostró ni una pizca de emoción.

Apenas levantó la mirada perezosamente y soltó con frialdad:

—¿De verdad lo eres?

Esas pocas palabras aplastaron toda la histeria de Pamela en un segundo.

Sintió un nudo en la garganta. Su piel se puso aún más pálida y sus ojos, inyectados en sangre, la delataban.

La expresión de Kiara era helada y sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa cargada de sarcasmo.

—¿Acaso no te has dado cuenta de la realidad?

—¿Alguien que fue expulsada y borrada oficialmente de los registros familiares, merece llevar el apellido Ibarra?

Se rio con desdén.

—Te mantuvieron durante veinte años. Si hubieras sido un perro obediente, no les habría molestado darte un plato de comida.

—Lástima que llamarte perro sería un insulto para los perros. Nunca he visto uno tan malagradecido.

El cuerpo de Pamela comenzó a temblar violentamente y se mordió el labio hasta sacarse sangre.

Cada palabra de Kiara era como una bofetada que destruía sus defensas psicológicas pieza por pieza.

—¿Quieres que te refresque la memoria?

Kiara enarcó una ceja, con un tono lleno de burla.

—¿Te recuerdo cómo te arrodillaste llorando frente a la puerta principal de la casa, suplicándoles a mis padres que no te echaran?

—¡No! ¡Mentira, eso no es verdad! —Los ojos de Pamela se abrieron de par en par, mirando a Kiara mientras negaba frenéticamente con la cabeza.

—La ropa que traes puesta, todo lo que tienes encima... ¿Acaso no lo conseguiste rogando y moviendo la cola? —La mirada de Kiara se desvió hacia Sabrina Benítez, con una sonrisa mordaz—. ¿No es así, señorita Benítez?

—¿Qué se siente andar de arriba para abajo con la hija de una exconvicta y dejar que te use como títere?

—¡¿Cómo te atreviste a engañarme?!

Sabía que a Pamela la habían echado y que no era de la familia Ibarra.

¡Pero jamás imaginó que fuera hija de una sirvienta y, peor aún, de una expresidiaria!

Que algo así saliera a la luz en público era una bofetada en la cara para ella, que había estado dando la cara por Pamela todo este tiempo.

Cuanto más lo pensaba, más se enfurecía, y más fuerte golpeaba.

A Pamela se le hinchó el rostro por los golpes y comenzó a sangrar por la nariz y la boca.

—Sabri, déjame explicarte... todo es culpa de Kiara, ella...

—¡Cállate! —Otra bofetada cortó sus palabras—. ¡¿Quién te crees para llamarme por mi nombre?!

Sabrina la empujó con asco y se giró hacia sus guardaespaldas.

—¿Están ciegos? ¡Tiren a esta basura por la borda, no quiero que ensucie nuestro barco!

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