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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1150

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Centro Internacional de Convenciones, backstage.

Esta era un área de máxima seguridad, restringida exclusivamente a los altos mandos del gobierno.

Sin embargo, Kiara entró sin que nadie intentara detenerla.

Incluso los agentes de seguridad nacional hicieron una leve reverencia al verla.

—Señorita Ibarra.

Kiara asintió levemente, empujó la puerta y entró a la sala de control.

Adentro había una fila de monitores procesando datos a gran velocidad.

Una de las paredes estaba completamente cubierta por docenas de pantallas de cámaras de vigilancia.

Joaquín estaba sentado frente a la pantalla más grande. Al escuchar ruidos, giró la cabeza.

Al ver a Kiara, una sonrisa deslumbrante y cautivadora iluminó su hermoso y frío rostro.

—Kiki.

Kiara se acercó y se paró a su lado.

—¿Cómo va todo?

—Todo salió tal como lo planeaste. Guillermo Benítez... está muerto —Joaquín le rodeó la cintura con el brazo y señaló la pantalla frente a ellos—. Eres increíble, Kiki. Adivinaste cada uno de sus movimientos.

Kiara sonrió de lado y fijó la vista en los monitores.

Hace apenas diez minutos.

Guillermo había sido escoltado fuera del recinto por las Fuerzas Especiales.

Sin embargo, los guardaespaldas de la familia Benítez armaron un tiroteo sorpresa y lograron 'rescatarlo' de las autoridades.

Por supuesto...

Todo había sido orquestado por Kiara.

Después de todo, eran las Fuerzas Especiales del Estado. Era absurdo pensar que un grupo de matones privados podría arrebatarles a un sospechoso con tanta facilidad.

Pero Guillermo, en su desesperación por evitar la cárcel o la muerte, no tenía cabeza para sospechar que su escape había sido demasiado fácil.

Lo único que le importaba era huir de ese infierno.

Bajo la protección de sus guardaespaldas, llegó al estacionamiento subterráneo.

Sabía que la familia Benítez estaba destruida. Era el fin.

Sentado en la camioneta, con las manos temblorosas, Guillermo sacó un teléfono satelital encriptado y marcó un número confidencial.

Se arrodilló en el piso del vehículo y rogó entre sollozos:

¡Bang!

Con los ojos abiertos de par en par por la incredulidad, Guillermo se desplomó en un charco de sangre.

El hombre que había jugado con la vida de cientos de personas durante años jamás imaginó que terminaría acorralado por una chica de veinte años.

Y mucho menos que moriría a manos del hombre en quien más confiaba.

Para cuando la policía llegó al estacionamiento, el guardaespaldas ya se había apuntado a la sien y se había quitado la vida, desplomándose junto a su jefe.

Todos los hilos que conectaban a la organización habían sido cortados limpiamente.

La imagen en la pantalla se congeló.

Kiara miró los monitores y soltó una pequeña risa sarcástica.

—Ese guardaespaldas debe ser un mercenario de Ocaso Negro, ¿verdad? Guillermo murió sin saber que durmió con el enemigo todos estos años.

Los de Ocaso Negro sí que eran despiadados.

Después de todo, la familia Benítez había hecho su trabajo sucio por años.

Y, de la noche a la mañana, los descartaron como si fueran basura.

Tal como se esperaba de una organización que veía las vidas humanas como algo completamente desechable.

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