Escorpión parpadeó y miró rápidamente a Kiara.
Kiara negó con la cabeza en silencio.
Escorpión captó el mensaje de inmediato y, con un tono muy serio, empezó a inventar una excusa.
—¡Ay, qué crees! Acabo de ver a Kiarita a escondidas, pero dice que esta noche tiene una fiesta con sus compañeros de equipo, así que no tiene tiempo para cenar con nosotros.
Álvaro soltó una ligera carcajada desde el otro lado de la línea.
—Entiendo. Bueno, entonces esta noche te llevaré a ese famoso restaurante de carne asada de Hesperia, y mañana iremos juntos a ver a mi hermanita competir.
A Escorpión le brillaron los ojos y aceptó la propuesta sin dudar.
Tras colgar la llamada, se relamió los labios como si ya estuviera saboreando la comida, y murmuró por lo bajo.
—La verdad es que Álvaro es súper buena onda. Es guapo, tiene dinero, sabe cocinar y, además, tiene un gusto increíble para la comida...
Kiara la miró fijamente.
—Por eso mismo te digo que vayas a disfrutar la cena con mi hermano.
Hizo una pausa y añadió con un deje de diversión.
—No lo dejes esperando.
Escorpión parpadeó un par de veces, y cuando por fin captó el doble sentido de la broma, las puntas de sus orejas se tiñeron de rojo e intentó cambiar de tema a toda costa.
—¡Como sea! Tú ten mucho cuidado y vuelve rápido en cuanto termines de investigar. Esto no es Clarosol, no estamos en nuestro territorio.
—Lo sé —dijo Kiara mientras abría la puerta del auto.
Amparado por la noche, el deportivo rojo dio un giro rápido y desapareció al final de la calle.
Kiara se ajustó la capucha, metió las manos en los bolsillos y caminó en dirección al Centro Tecnológico.
...
El Centro Tecnológico de Hesperia lucía mucho más imponente y solemne bajo el manto de la noche.
Era la máxima obra maestra en el ámbito de la medicina internacional.
El edificio era una construcción ostentosa y llena de detalles futuristas.
Kiara evadió las cámaras de la entrada principal y las patrullas de guardia, escabulléndose por un punto ciego en la parte trasera del complejo.
Aterrizó sin hacer el más mínimo ruido.
Dio una vuelta completa por el perímetro del edificio.
En menos de veinte segundos, clavó la vista en un sector en particular.
Algo no cuadraba.
Entrecerró los ojos y amplió la imagen en la pantalla.
Según sus cálculos entre el plano digital y las dimensiones físicas del lugar...
En ese piso...
No, siendo exactos, en toda la zona sureste del edificio, había un evidente «punto ciego».
El espacio exterior no coincidía con el área interna.
Faltaba un pedazo.
Un espacio enorme que había sido borrado de los planos.
Moviéndose por los ductos de ventilación, Kiara llegó hasta los límites de ese punto ciego en la zona sureste.
Y ahí, en un pasillo de transición que a simple vista no tenía nada de especial, encontró un muro metálico de color gris plateado, idéntico a los demás.
Si no fuera por la marca en el modelo digital, el ojo humano jamás habría detectado que ahí había algo oculto.

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