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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1342

Casi por instinto, se llevó la mano al audífono que llevaba detrás de la oreja y suplicó con desesperación.

—¡Soberano, Soberano! ¡Los planes han cambiado! ¡Soberano...!

Sin embargo, apenas pudo pronunciar esas palabras.

A través del auricular, una voz siniestra y gélida resonó.

—Imbécil.

Solo una palabra.

Tan fría que le caló hasta los huesos.

Un fuerte chisporroteo de estática zumbó en el audífono y, segundos después, la comunicación se cortó por completo.

El Enviado se quedó petrificado, con la mano aún en el oído.

Su rostro se volvió aún más pálido, si es que eso era posible.

Lo sabía muy bien...

Lo habían desechado de verdad.

Pero no tuvo tiempo de asimilarlo.

¡Pum!

La pesada puerta del palco VIP fue derribada de una brutal patada.

La hoja se estrelló contra la pared con un estruendo ensordecedor.

Esteban Ibarra y Damián Ibarra irrumpieron en la habitación, armas en mano, moviéndose con una precisión letal.

Mientras tanto, Joaquín y Álvaro Ibarra ya habían tomado por asalto la sala de control principal, sometiendo a todo el personal y tomando el mando absoluto del lugar.

Siguiendo el rastro del virus que Kiara había implantado esa misma mañana, lograron descifrar los servidores de la competencia y la red interna de la Organización Ocaso Negro. Esa fue la pista que los guio hasta la rata que se escondía en las sombras: El Enviado.

...

Dentro de la Cápsula 10.

La espesa niebla tóxica seguía impregnando el aire.

Kiara no tenía prisa por salir.

Primero, revisó minuciosamente el área para asegurarse de que no hubiera trampas ocultas.

Las rejillas de ventilación seguían escupiendo restos del gas venenoso.

Las cámaras de seguridad seguían transmitiendo su imagen en vivo a la sala de control.

Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

Caminó a paso firme hacia la consola de mando que había quedado hecha añicos.

Entonces, extrajo un pequeño dispositivo del interior de su traje de combate.

No era más grande que la palma de su mano.

Bajó la mirada, con sus largas pestañas haciendo sombra sobre sus ojos, y con asombrosa destreza conectó el aparato al puerto principal de la cápsula.

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