Kiara le devolvió el apretón a Joaquín. Sus hermosos y fríos ojos perdieron ese aire despreocupado.
Lo miró a él y luego a sus tres hermanos.
—Les prometo que no actuaré por mi cuenta.
Los ojos de Damián se abrieron de par en par, escrutándola como si intentara encontrar la mentira en su rostro.
—¿De verdad?
—De verdad —respondió Kiara con calma, sin mostrar ni un solo rastro de culpa—. En tres días, abordaremos el barco juntos.
Los hombros de Damián por fin perdieron la rigidez.
Se dejó caer en el sofá, soltando un largo suspiro.
—De acuerdo, entonces usemos estos tres días para prepararnos bien.
Como aún no estaba del todo tranquilo, la miró y se lo repitió.
—Trato hecho. En tres días, subimos a ese barco juntos.
Esteban la miró con severidad.
—Durante estos tres días, no puedes moverte sola.
El rostro de Álvaro reflejaba algo de ansiedad, pero su tono fue sumamente suave.
—Kiarita, déjanos a nosotros todo lo referente a los pases, las identidades falsas y los canales del mercado negro en Puerto Blanco.
—Solo descansa y recupera energías. En tres días, saldremos juntos.
Joaquín no dijo nada.
Se limitó a sostener la mano de Kiara, acariciando suavemente su piel con el pulgar.
Sus ojos oscuros no se apartaron de ella en ningún momento.
Como si tratara de confirmar si su promesa era real.
Kiara miró a las personas a su alrededor.
Vio la tensión en sus rostros, la preocupación evidente y la necesidad desesperada de protegerla.
Una sonrisa se dibujó en sus labios.
Fue una sonrisa sutil.
Pero logró suavizar la frialdad de su rostro.
—De acuerdo —asintió—. Haré lo que dicen, en tres días subiremos juntos.
—Y cuando llegue el momento, veremos quién es el que termina cayendo en la trampa.
Damián golpeó la mesa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste