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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1458

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Hablando sin parar, Damián ayudó a sus padres a colocar toda la comida sobre la mesa.

Sopa caliente, platillos ligeros y los guisos favoritos de Kiara.

Todo recién preparado y humeante.

Vanesa sirvió un plato de sopa caliente y lo puso frente a Kiara.

—Kiarita, toma algo caliente para el estómago.

Kiara miró la sopa, la tomó y su expresión se suavizó.

—Gracias, mamá.

Tomó un par de cucharadas; el calor de la comida la reconfortó antes de dejar los cubiertos.

Vanesa se sentó a su lado y le tomó la mano.

Sus manos eran cálidas.

Con ese calor único que solo una madre puede brindar.

Tenía los ojos enrojecidos, pero se contuvo para no llorar.

—Kiarita, no voy a preguntarte qué planeas hacer.

—No te preguntaré a dónde vas, solo te pido que vuelvas a salvo.

Al escuchar esas palabras, el salón entero se sumió en un profundo silencio.

Damián, que estaba a punto de bromear de nuevo, cerró la boca.

Esteban bajó la mirada, apretando los labios.

Los ojos de Álvaro se llenaron de una genuina dulzura.

Y Kiara sintió que algo tocaba su corazón suavemente.

Bajó la cabeza y miró las manos de Vanesa sosteniendo las suyas.

Rara vez alguien la había sostenido así.

Rara vez había experimentado tanta calidez.

Y mucho menos alguien le había dicho que no importaba lo que hiciera, solo querían que estuviera a salvo.

Le devolvió el apretón a Vanesa y palmeó el dorso de su mano con suavidad.

—Mamá, papá, no se preocupen.

—Estaré a salvo.

—Todos estaremos a salvo.

Camilo Ibarra estaba de pie a un lado. Su rostro era severo y autoritario, pero la mirada que le dirigió a Kiara estaba llena de absoluta ternura.

—Kiara, la familia Ibarra no está de adorno.

—Pase lo que pase, no intentes cargar con todo sola.

Kiara levantó la mirada hacia su padre.

Sus ojos estaban un poco rojos, pero intentaba mantener su postura fuerte.

Como si temiera que, al mostrarse débil, no podría resistir el impulso de detenerla.

Estaba allí parado, imponente.

Como una montaña inquebrantable en la que siempre podría refugiarse.

Hubo un tiempo en el que creyó que no necesitaba a nadie.

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