—Maestro, vea esto… el CT y estos valores… esto es mortal. ¿Cómo se atrevieron? ¿Cómo dejaron que una chavita operara a la señorita Carrasco?
Los dos le pasaron el expediente a su maestro.
Ezequiel vestía una bata negra. Era delgado, de rostro amable; canas en las sienes y barba larga. Sus ojos, sabios y tranquilos, miraban con calma.
Tomó el expediente sin prisa y empezó a leer.
—La situación sí era más peligrosa y compleja de lo que pensé —dijo, con un tono de asombro—. Para ser honesto, ni yo me atrevería a asegurar que podía salvarle la vida a la señorita Carrasco… y conservar el bazo, menos.
Señaló un punto del expediente.
—La señorita Carrasco ya tenía antecedentes cardíacos. El impacto del choque, más el error en la medicación, detonó una reacción alérgica aguda y grave… Si esa persona no intervenía a tiempo, el desenlace habría sido terrible.
A Luna y a Ricardo se les fue el color.
Los demás jefes y profesores abrieron los ojos, impactados.
¡Era el doctor Valdez! Una autoridad médica.
Y lo estaba diciendo en voz alta: ni él tenía garantía.
¿Y esa joven… sí pudo?
—Tengo que ver a la señorita Carrasco —Ezequiel se emocionó y se fue rápido hacia la habitación.
Luciano volteó a ver a Joaquín, preguntando con la mirada.
—Vamos a verla —dijo Joaquín, sin cambiar el gesto, y avanzó hacia el cuarto con paso firme—. Julio no se jugaría lo que construyó en toda su vida… ni su pellejo.
—A mí no me importa quién hizo la intervención. Yo solo quiero resultados.
—¿“Extraordinario”?! —Luna gritó, fuera de sí—. ¡Doctor Valdez, usted es un médico reconocido mundialmente! Esa mocosa… ¿qué va a saber? ¡Es una estafadora!
La vergüenza y el golpe al orgullo la hicieron hablar sin pensar.
El chillido le sacó a Ezequiel un leve fruncir de ceño.
Alzó la mirada. Su expresión seguía siendo amable, pero en sus ojos apareció un filo helado.
—Siempre hay alguien mejor. La señorita Carrasco está bien, y ese es el mejor argumento.
—La medicina es inmensa. Hay muchísima gente con más dominio que yo.
Hizo una pausa y cambió el tono.
—Lo que sí… doctora Romero: me dijeron que la reacción alérgica aguda de la señorita Carrasco fue provocada por usted.

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