Luis y Simón también se adelantaron con grandes sonrisas.
—¿Ya llegaron tus invitados, Kiki? ¡Bienvenidos, bienvenidos!
—Gracias por tomarse la molestia de venir a acompañar a Kiki en su día especial.
Marcos Quintana observó a los cinco inmensos matones que desbordaban peligro y asintió con genuina aprobación.
—¡Vaya que son muchachos fuertes y rudos! ¡Excelente, excelente!
El resto de los invitados se quedó boquiabierto.
Las jóvenes de la alta sociedad, que ya se estaban preparando para reírse del escándalo, parpadearon sin poder creer lo que veían.
Ni siquiera cuando llegaban los dueños de los bancos más importantes de Aquilinia la familia Quintana mostraba tanta calidez.
Y a este grupito de pandilleros y chicas de barrio... ¿los recibían como reyes?
¿Acaso los Quintana se habían vuelto locos?
¿Cómo podían tratar con tanto respeto a un grupo de delincuentes?
Kiara sabía perfectamente que a sus abuelos y a sus tíos no les importaba en lo más mínimo el aura amenazante de su gente.
Simplemente porque...
Eran sus amigos.
Y porque eran importantes para ella, los líderes de la familia estaban demostrándole a todo el mundo cuál era su postura, tapándole la boca a cualquier invitado atrevido que pensara en burlarse de ellos.
Al final del día, esta era la fiesta de los Quintana.
Después de ver este recibimiento.
Ningún invitado, por mucho dinero que tuviera, se atrevería a murmurar en contra de los recién llegados, por puro respeto a la familia anfitriona.
Lo único que los abuelos querían era proteger a los amigos de su nieta de las lenguas venenosas de la alta sociedad.
Un torrente de ternura inundó el pecho de Kiara.
Curvó los labios y sonrió.
—Voy a llevarlos arriba para que se cambien. Ya le pedí al equipo de estilistas que nos esperen allá.
—Sí, los estilistas que pediste llegaron hace un rato —señaló Simón hacia la segunda planta—. Ya tienen todo preparado en la suite de maquillaje.
Kiara asintió y se giró hacia los miembros de la Liga Espectro que había traído.
—Vamos arriba. Ya les tengo listos sus trajes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste