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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 689

—¡Tú...!

El rostro de Pamela se encendió de ira, poniéndose rojo tomate, y comenzó a temblar de pura rabia.

Pero Kiara la ignoró por completo. Desvió la mirada hacia Augusto lentamente, y sus labios rojos se curvaron hacia arriba, milímetro a milímetro.

Una sonrisa absolutamente glacial.

—¿El rey de la pista?

Soltó una risa desdeñosa, mirándolo desde arriba.

—Ese es todo tu nivel. Solo sirves para estar en este basurero, intimidando a un montón de niñatos mimados que nunca han visto el mundo real.

Augusto enfureció al instante; las venas de su frente palpitaron.

—¡¿Qué demonios dijiste?! Te doy la oportunidad de salvar tu pellejo y me escupes en la cara, ¿verdad? ¡Si tienes tantas ganas de morir, te concederé el deseo! ¡Ven! ¡Sube a un maldito auto y compite contra mí! ¡Quiero ver de qué tamaño es el mundo que tú, campesina, conoces!

Adriana rodó los ojos y soltó una risita melodramática.

—Prima Kiara, ya que todos te alaban tanto, ¿por qué no apostamos algo grande?

—El día de mi cumpleaños, mi abuelo me regaló la Hacienda San Marcos. Su valor de mercado es de unos treinta millones de dólares. Como muestra de bienvenida a nuestro círculo, prima Kiara, pondré la Hacienda San Marcos como premio.

—Si ganas, esa propiedad será tuya.

Las últimas palabras las pronunció alargando las sílabas a propósito.

Estaba convencida de que Kiara no podría resistir semejante tentación y aceptaría la carrera.

Al fin y al cabo, Kiara era solo una pueblerina que nunca había tenido nada de valor.

Esa misma mañana, Adriana había mencionado casualmente un regalo de cumpleaños de su padre, y Kiara inmediatamente intentó adueñarse de su superdeportivo de lujo.

¡Era obvio que estaba desesperada por dinero!

¡Quería adueñarse de todo lo que veía!

Ahora, al escuchar sobre una hacienda de treinta millones de dólares, seguramente no podría esperar a quedarse con ella.

Mientras Kiara se atreviera a entrar a la pista...

¡Ella se encargaría de que jamás saliera de allí!

Todos los presentes eran su gente.

Cuando todo terminara, solo tendría que decirles a sus abuelos que Kiara fue una imprudente, que quiso desafiar a Augusto y que, por falta de habilidad, sufrió un accidente.

Sin importar cuánto investigaran sus abuelos...

La frase desató el caos absoluto.

El público entero quedó boquiabierto.

—¡¿Cien millones?! ¡¿De dólares?!

—¡Está loca! ¡¿De dónde va a sacar tanto dinero?!

—¿No decían que era una campesina que creció en el campo? ¿Cómo es posible que tenga tanto dinero?

—¡Jamás en mi vida he visto una apuesta de cien millones!

Los murmullos y las dudas inundaron el lugar.

Adriana se quedó mirando fijamente la tarjeta negra. La mejilla donde había recibido el golpe le ardía como el fuego.

Gritó, casi perdiendo la voz:

—¡Mentira! ¡¿De dónde demonios vas a sacar cien millones?!

Augusto entrecerró los ojos, mirando la tarjeta con sospecha, y soltó una risa fría.

—¿Crees que por decir que hay cien millones, de verdad los hay? ¡Exijo comprobar los fondos!

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