Esos constantes murmullos de asombro dejaron a las que estaban escondidas fuera del tocador completamente confundidas.
Se miraron las unas a las otras.
¿Qué estaba pasando?
¿Qué les ocurría a esos expertos?
¿Acaso se habían quedado ciegos todos al mismo tiempo? ¿Cómo se atrevían a decir que un estuche de basura, recogido literalmente del basurero, era una obra de arte?
No lo podían creer. Intentaron empujarse desesperadamente para acercarse y ver qué clase de vestido había en esa caja, capaz de provocar expresiones de tal fascinación en un grupo de estilistas de élite que estaban más que acostumbrados a ver diseños de primer nivel.
Sin embargo, la puerta del tocador se cerró de golpe desde adentro, bloqueando cualquier ángulo de visión.
Y con ello, también se ahogaron los sonidos del interior.
Las jóvenes invitadas se quedaron de pie en la puerta, con caras que eran un poema.
—¿Será verdad? Esa campesinita... ¿en serio preparó un vestido por su cuenta?
—El equipo de Kevin es famoso por su exigencia. Si el mismísimo maestro Kevin la alabó de esa manera, el vestido... ¿qué tan valioso tiene que ser?
—Pamela, ¿no dijiste que ella rechazó el vestido que la familia Quintana le había preparado? ¿De verdad trajo uno propio?
Elena Ríos bufó, incapaz de ocultar su envidia.
—¡No importa qué tan sorprendente sea su vestido, jamás podrá compararse con el que lleva Pamela! ¡El Lucero de la Galaxia, el tesoro más grande de YB!
Las demás chicas asintieron rápidamente.
—¡Exacto! A nivel mundial, ¿qué diseño podría competir con el Lucero de la Galaxia?
—YB diseñó esa pieza solo para exhibición y jamás se presta ni se vende. Ahora que Pamela lo lleva puesto, por mucho que esa campesinita intente llamar la atención, ¡jamás podrá eclipsar el brillo de Pamela!
Al escuchar los halagos de sus "amigas", Pamela Ibarra acarició la tela del Lucero de la Galaxia, sintiéndose un poco más aliviada.
Mantuvo su habitual sonrisa dulce, fingiendo falsa modestia.
El grupo regresó al salón de banquetes.
En ese momento, vieron al mayordomo de la familia Quintana entrar corriendo, visiblemente emocionado.

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