Hay que entenderlo: ¡su jefa era una adicta al trabajo!
En cuanto se metía al estudio, si no dejaba todo resuelto y perfectamente pulido, era imposible que se fuera de la oficina.
Y esta era la primera vez que la jefa soltaba lo que traía entre manos para irse antes.
Y todavía peor… ¡dejaba el trabajo para arreglarlo hasta el día siguiente!
¿Quién demonios estaba afuera?
¿Quién podía lograr que la jefa dejara el trabajo?
Magdalena se estaba carcomiendo por dentro. De verdad quería irse detrás de la jefa para ver qué estaba pasando, qué cosa podía ser más importante que el trabajo.
***
Tristán y los demás esperaron otro buen rato.
Ya estaban muertos de hambre y agotados.
Cuando ya casi no aguantaban, y Tristán incluso estaba a punto de rendirse…
De pronto vio una silueta conocida salir por la puerta principal del corporativo.
La chica seguía igual: playera blanca sencilla, pantalón largo, una bolsa de tela al hombro. Bajo las luces de la calle, su cara fría y hermosa se veía todavía más impactante.
—¡Es Kiara!
A Tristán se le encendió el ánimo. Jaló la manija y quiso bajarse de golpe.
—¡Rápido! ¡Bájense! ¡Vamos con ella!
Pero justo cuando su mano tocó la puerta, Catalina soltó un grito ahogado:
—Oye… e-eso es…
Abrió los ojos, en shock.
—Kiara… ¿no me digas que de verdad la trae un patrocinador? El que viene por ella… ¡está más viejo que tú, papá!
Tristán se quedó congelado.
A la entrada del corporativo de YB, Kiara se acercaba a un Porsche negro. Desde lejos, al hombre que se bajó le vieron el pelo claro y les pareció mayor. Luego Kiara se subió a su coche.
Dana puso cara de asco y soltó, furiosa:
—Yo sabía que esa desgraciada no era de fiar. En cuanto vio que Patricio era el heredero de los Fuentes, se le pegó como chicle. Y ahora que ya no tiene a la familia Zúñiga ni a Patricio… mírala, cayendo tan bajo como para ser la otra de un viejo.
Samuel también frunció la cara, con repulsión:

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