A Tristán se le vino a la cabeza, de golpe…
la escena de aquel día en La Cúpula Dorada: el presidente de la familia Carrasco, imponente como si fuera intocable, caminando hacia Kiara.
El corazón le dio un brinco.
¿Y si el hombre del coche era… el presidente de la familia Carrasco?
Pero al instante apagó esa idea.
Imposible.
¿Quién era ese hombre? ¿Cómo iba a ser el “patrocinador” de Kiara?
Tristán no tenía ni el nivel para conocer a Joaquín, pero había escuchado historias.
Decían que ese presidente, allá arriba, no dejaba que nadie se le acercara.
¡Aunque Kiara estuviera preciosa, era imposible que se colgara de Joaquín!
La vez de La Cúpula Dorada seguro fue solo un saludo por cortesía, por el grupo del señor Eugenio y esos juniors.
Pero fuera quien fuera el hombre del coche…
Kiara sí se había metido con gente de dinero.
Con esa idea, Tristán sacó el celular y empezó a mandarle mensajes a Kiara.
Dana, Catalina y los demás ya habían alcanzado a llegar, pero solo vieron cómo se alejaba el coche.
—¡Esa desgraciada ni siquiera se baja y se larga así nada más! —Dana zapateó furiosa y escupió hacia donde se fue el coche—. ¡Nosotros la criamos tantos años! ¿Y ahora porque se arrimó a alguien con lana cree que ya es la gran cosa?
Mientras seguía despotricando, volteó a ver a Tristán con tono venenoso:


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