Desde adentro se oyó la voz de Kiara:
—Pásele, mamá.
Vanesa entró feliz.
Pamela se quedó afuera. La puerta se cerró y Vanesa ni siquiera volteó a verla.
Incluso con la puerta de por medio, se alcanzaban a oír las risas de Vanesa, contenta, platicando adentro.
Pamela apretó el puño y estrujó el joyero que Kiara le había rechazado. Le rechinaban los dientes del coraje.
¿Y luego decían que trataban a todas por igual?
¿Y luego decían que aunque Kiara regresara, no habría diferencias?
Puras mentiras.
Su mamá estaba claramente del lado de Kiara.
Ya verán.
Cuando regrese su hermano, le va a enseñar a Kiara lo que es el verdadero favoritismo.
—
En la noche, Kiara volvió a sentir en la mesa el cariño pesado del abuelo, su papá y su mamá.
Y menos mal que Kiara sí comía bien.
Porque a cualquiera se lo acaba esa clase de “amor” a cucharadas.
Después de cenar, se quedó en la sala con Regino y con sus papás, escuchando cómo los tres le preguntaban, todos a la vez, cosas de su vida.
Ella tenía esa expresión fría de siempre, pero respondió con paciencia, una por una.
En cuanto a los días con los Zúñiga, lo que vivió en el campo y todo eso… lo mencionó por encima, sin darle importancia.
Pamela, sentada en el otro sillón, quería meter palabra, pero se dio cuenta de que no podía entrar en la conversación ni tantito.
Como si esa escena familiar la dejara completamente fuera.
—Kiara, no lo digo por otra cosa. Solo pensaba que si quieres retomar la escuela, yo puedo ayudarte.
Luego puso expresión de preocupación.
—Porque ahora que ya estás en casa… si la gente se entera de que ni la prepa terminaste, a papá y mamá les va a pegar en la imagen.
Pamela sabía que los Ibarra siempre habían sido estrictos con la educación y con formar capacidades.
Los tres hijos de la familia, y ella incluida, tenían que ser “los mejores”.
Según Pamela, sus papás jamás iban a ver con buenos ojos a una “chava del campo” que ni la prepa acabó.
—Oye… Kiki —Camilo no estaba pensando en “la imagen”, sino en su hija—. ¿Te gustaría volver a estudiar? Si quieres, dime a qué escuela y yo hablo para que te reciban.
Kiara ahora ya estaba de vuelta con los Ibarra.
Y en cuanto hicieran la fiesta de presentación, iba a estar bajo la lupa de todo el mundo.
Cuando la gente supiera que era la señorita Ibarra, sin importar el motivo, muchos iban a investigar su pasado…

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