Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 5

Kiara se colgó la bolsa al hombro, se dio la vuelta y, mientras sacaba el celular, dijo:

—Ya quedó. Vengan por mí.

Su voz fue plana, con ese tono de quien manda.

Dana se levantó del suelo hecha un desastre, con la cara verde del coraje. Esa espalda firme de Kiara se le encimó con el recuerdo de la Kiara que antes le rogaba por aprobación.

Le supo amargo.

—¡Lárgate! ¡Y lárgate ya! —gritó Dana—. A ver cuánto te dura lo valiente cuando estés fuera de la familia Zúñiga.

Agarró a Catalina y se la llevó hacia adentro, soltando insultos mientras caminaba.

Catalina volteó una y otra vez, mirando a Kiara alejarse hasta desaparecer.

«¿Con quién estaba hablando?», pensó.

Su mamá siempre decía que Kiara había crecido en un lugar apartado, y que la trajeron hace cuatro años, cuando murió la abuela.

Y en una casa como esta, Kiara nunca encajó del todo.

Sus “amistades” giraban alrededor de los Zúñiga… o de Pachi.

Si la estaban echando, ¿quién iba a venir por ella?

Y lo peor…

Ese tono de Kiara, como si estuviera por encima de todos, era demasiado.

Catalina, sin poder contenerse, jaló a Dana y corrió al despacho.

Desde los ventanales, se veía perfecto el portón de la mansión Zúñiga.

Afuera, una camioneta llegó a toda velocidad y frenó con precisión frente a Kiara.

No era un deportivo llamativo ni una limusina ostentosa. No traía logotipos visibles. Era una camioneta todoterreno negra, mate, sobria.

Y aun así, imponía desde el primer vistazo.

El hombre subió, encendió el motor.

Las llantas grandes chirriaron contra el suelo y la camioneta salió disparada con potencia.

En el despacho, Catalina llegó al ventanal y solo alcanzó a ver al hombre de cabello corto abriéndole la puerta a Kiara con una reverencia de respeto.

Incluso desde lejos, Catalina sintió en él una presencia intimidante.

Y cuando el hombre subió a la camioneta, como si hubiera notado su mirada, levantó la cabeza y volteó hacia ella.

Esa mirada.

A Catalina se le heló la sangre, como si algo frío le apretara el cuello y le faltara el aire.

Se puso pálida de golpe. Le escurrió el sudor frío.

Las piernas se le aflojaron y terminó sentada en el piso, sin fuerzas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste