Decir que era la diseñadora número uno del mundo no sonaba exagerado.
¿Y esos pendejos de la familia Zúñiga todavía se atrevían a colgarse de ese nombre?
Se quieren subir a todo… y solitos se van a hundir.
Kiara ni se inmutó; volvió la mirada a su celular.
—Mientras más alto brinquen, más duro se van a estrellar.
Escorpión movió el dedo por la pantalla.
—Téllez la invitó al concurso y la muy ridícula ya cree que Téllez se fijó en ella. Todavía ni es seguro y ya lo inflaron así… ¿de dónde saca tanta confianza?
Se burló, pero de pronto se quedó quieta al ver lo que mostraban: el regalo de mayoría de edad que Catalina le dio a Eloísa, un set completo de joyería “diseñado por ella”.
Frunció el ceño.
—¿Esto es diseño de Catalina? No cuadra… ¿por qué el estilo se parece tanto al tuyo?
—Esto es tuyo. A simple vista. ¿Neta? ¿Esa cosa te copió y ahí anda presumiendo?
A Escorpión se le prendió el coraje; se enderezó y levantó la voz.
Los Ibarra voltearon.
—¿Cómo que copió? ¿Qué pasó?
Escorpión estaba por hablar, pero Kiara ya había negado con la cabeza.
—Nada. Está viendo chismes.
Con todos los Ibarra mirándolas, Escorpión se contuvo un poco, pero seguía furiosa.
—Amor, esto no se puede dejar pasar. Ya te copió y todavía quiere usar eso para colgarse de ti y “superarte”. No. ¿Cuándo empieza el concurso ese de Téllez? Vamos.
Kiara le apretó una mejilla.
—No hace falta.


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