Dicho eso, se dio la vuelta con toda calma y, sin prisas, levantó la mano para despedirse con un gesto flojo.
Esa actitud… tan desparpajada, tan creída, como si nada ni nadie le importara…
Catalina apretó los dientes del coraje.
¿Y por qué se le hacía tan familiar esa vibra?
—Cata, ni la peles. Nosotros sí sabemos cómo eres.
—Exacto. Tú eres la alumna estrella que la Maestra Téllez eligió personalmente. ¿Tú crees que la Maestra Téllez se va a equivocar?
—Además, si de verdad alguien pudiera diseñar algo tan bueno como para que tú se lo copiaras, ya habría salido a presumirlo desde hace rato. ¿Cómo crees que se iba a quedar callado dejando que “se lo copies”?
—Cata, a menos que la gran Queen lo haya diseñado con sus propias manos… ¿quién más en este mundo podría hacer algo tan impresionante como para que tú tuvieras que copiarlo?
—Yo digo que esa mujer la mandó algún rival tuyo, nomás para sacarte de quicio y hacer que pierdas. Ni se te ocurra caer.
—Sí, Cata. No dejes que alguien que ni pinta te arruine el ánimo para la competencia.
—Oye… ¿y si fue la “niña rica” falsa, la que te robó tu lugar durante años, la que mandó a alguien para arruinarte este día tan importante?
Al escuchar a esos diseñadores, Catalina tensó la mirada.
Ya lo recordó.
Esa mujer… le daba una sensación demasiado familiar.
Era Kiara.
La vibra de esa mujer era exactamente la misma que la de Kiara.
Las dos con esa actitud arrogante, como si vieran a todo mundo por encima del hombro.
¿De verdad Kiara la habría mandado?
Esa maldita…
*

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