Sin embargo, sus dedos frotaron inconscientemente la palma de la mano recién besada.
El toque cálido parecía seguir presente en su piel.
Joaquín soltó una carcajada baja; sabía cuándo detenerse y no siguió molestándola.
—A sus órdenes, mi reina.
Kiara se quedó callada. Sentía que tendría que buscar la forma de robarle el celular a Joaquín y borrarle esa aplicación de novelas de romance basura. ¡Borrarla! ¡Borrarla!
—
Mansión Ibarra.
Pamela estaba acostada en la cama, sosteniendo una tableta y viendo la esperada transmisión en vivo del concurso de diseñadores de joyas emergentes.
Cuando vio a Catalina siendo cuestionada por plagio por Perla Téllez y varios jueces en pleno escenario...
Su rostro perdió el color pálido de la enfermedad y adquirió un tono ceniciento.
¡Esa idiota!
¿De verdad plagió los diseños?
Pamela se quedó con el corazón en un hilo, hasta que vio a Perla mostrar pruebas públicas desde la nube que confirmaban el plagio de Catalina, culminando con su arresto por las autoridades.
Temblaba de pies a cabeza por la furia.
Especialmente...
Al ver a Kiara, revelada como Queen, bajo los reflectores, disfrutando de toda la gloria y admiración.
Cada exclamación, cada elogio, cada muestra de envidia...
Todas esas palabras eran como cuchillos afilados clavándose sin piedad en el corazón de Pamela.
Sus nudillos se pusieron blancos de tanto apretar la tableta, y su rostro se retorció en una expresión espantosa.
¡Pum!
Estrelló la tableta contra el suelo, temblando de rabia.
¡Idiotas!
¡Son todos unos idiotas!
¡Inútiles!
¡Todos son unos inútiles!
¿Por qué Kiara tenía que estar en todas partes?
¡Por qué siempre tenía que ser ella!
Queen...
¡Ella era Queen!
Incluso había pensado que tenía mucha suerte. Fichar a Catalina no solo le serviría para irritar a Kiara, sino que impulsaría la fama de Corona, llevando a su marca al siguiente nivel en la industria joyera.
Así, podría usar el éxito de Corona para pisotear a Kiara de una vez por todas.
Quería demostrarle a toda la familia Ibarra...
¡Lo talentosa y brillante que era Pamela Ibarra!
Pero ahora... ¡esa estúpida de Catalina había resultado ser un fraude!
Y no solo eso.
¡Se atrevió a robarle a la mismísima Kiara!
¡Era la peor de las humillaciones!
Pamela cortó la llamada y un ataque violento de tos la sacudió.
¡No!
Este escándalo ha escalado demasiado.
¡Seguramente mi familia también vio la transmisión en vivo!
De por sí ya estaban molestos con ella por haber contratado a Catalina.
Y ahora, con este desastre...

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