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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 669

El tono de los doctores estaba cargado de hostilidad.

A Silvia no le hizo ninguna gracia y su rostro se ensombreció:

—¿Cómo se atreven a hablar así? Esto es una muestra de amor de mi nieta. Ella sabe de medicina, ¿qué tiene de malo que nos prepare una comida curativa?

Marcos también la defendió al instante:

—Así es. Ayer, cuando mi esposa sufrió una crisis, fue mi nieta quien le salvó la vida. Sus conocimientos en medicina natural superan por mucho las habilidades de todos ustedes juntos. ¡Lo que nos preparó solo puede ser beneficioso para nuestra salud!

Al escuchar medicina natural.

El doctor rubio reaccionó como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo, dirigiendo una mirada despectiva al rostro excesivamente joven y hermoso de Kiara.

Una jovencita de esa edad, ¿qué podría saber de medicina? ¿Y además de la poco confiable medicina natural?

Soltó una risa burlona:

—¿Medicina natural? Esa práctica sin ningún fundamento científico no tiene punto de comparación con la precisión de nuestros equipos y los años de estudios y ensayos clínicos que avalan la medicina convencional.

—Lo lamento mucho, señores —dijo usando un tono burocrático—. Esa llamada medicina natural, con sus infusiones milagrosas, no es más que corteza y raíces hervidas. En este hospital no podemos permitirnos el lujo de correr semejantes riesgos.

—¡Enfermera, llévese esos dos envases ahora mismo!

Una enfermera dio un paso al frente de inmediato y estiró la mano para tomar los recipientes.

—Déjelos ahí.

Una voz fría y cristalina resonó en la habitación.

No fue un grito, pero tenía una fuerza opresiva que volvía la orden irresistible.

La mano de la enfermera se congeló en el aire y no se atrevió a mover un músculo.

Sintiéndose humillado, el doctor rubio se puso lívido y levantó la voz con rabia:

—¡Está obstruyendo nuestro trabajo! Si esa preparación contiene algo que pueda dañar a los pacientes, ¿quién se va a hacer responsable?

Kiara alzó la mirada, apoyó una mano sobre la mesa y se puso de pie lentamente:

—Yo me haré responsable.

Hacía unos años, en una Cumbre Médica Internacional, el equipo de Valerio estaba a punto de llevarse el oro en nombre de Aquilinia, pero terminaron siendo aplastados por el equipo de la Asociación de Medicina Tradicional Clarosol.

Y fue el maestro del presidente de esa Asociación quien, con una sola frase, hizo trizas los esfuerzos del equipo de Valerio, manchando su trayectoria profesional para siempre.

Desde ese día, había tratado a la medicina natural como su enemiga jurada. La sola mención del tema lo sacaba de quicio.

En la opinión de Valerio, todos esos curanderos solo se dedicaban a jugar con trucos y con la psicología para lavarles el cerebro a las personas. Para él, no había datos ni evidencia que demostrara que esa práctica pudiera curar algo.

Al ver que Valerio intervenía, el joven doctor se apresuró a acusar a Kiara, rebosante de indignación:

—¡Dr. Valerio, esta señorita insiste en que los pacientes consuman sus brebajes caseros y hasta trató de amenazarnos! En este mismo instante la voy a echar...

—¡Silencio!

El Dr. Valerio soltó un grito que retumbó en la habitación.

El joven doctor, malinterpretando la situación, le sonrió con malicia a Kiara:

—¿Ya escuchó? ¡Señorita, deje de causar problemas! ¿Acaso no sabe con quién está hablando? ¡El Dr. Valerio es la máxima eminencia cardiovascular de toda Aquilinia...!

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