—Fui a la clínica hace un rato a llevarle unas cosas a la señora Silvia, y justo la escuché hablando por teléfono con la señorita sobrina... ¡Oh, espera, ya no podemos llamarla así, ahora es la joven señorita de la familia!
La mayoría de los sirvientes contratados por la familia Quintana eran de ascendencia hispana o solarense.
Por lo que siempre hablaban en su propio idioma.
—La señora Silvia fue muy clara. A partir de ahora, la señorita Kiara es la única y verdadera joven señorita de la familia Quintana, y todos debemos tratarla con el máximo respeto.
La sirvienta hablaba con un tono cargado de envidia.
—¡No te imaginas lo fascinados que están el patrón y la señora con ella! Era solo una llamada telefónica, pero los dos estaban sonriendo de oreja a oreja, llamándola 'mi niña preciosa' a cada rato.
—Cuando la señorita Kiara se despertó, la señora Silvia mandó a nuestro señor Simón al hotel corriendo para que la atendiera personalmente.
—¡Sí, literalmente para que la atendiera!
—Y lo más loco es que el señor Simón fue corriendo con una sonrisa en la cara. ¡Nunca lo había visto actuar así por nadie!
—Escuché que nuestra nueva señorita ya está comprometida con su futuro esposo...
—Sí, nuestro futuro yerno. Dicen que es guapísimo y súper detallista. Para que ella pudiera descansar sin que nadie la molestara, alquiló todo el último piso del hotel para ella sola.
Al oír eso, otra empleada chasqueó la lengua, maravillada.
—¡Vaya! Por lo que veo, nuestra joven señorita va a ser la persona más mimada del mundo.
—¡Claro que sí! Su posición en la familia Quintana... ¡está en otro nivel! —añadió la primera sirvienta—. Escuché a la señora Silvia decir que para el banquete de bienvenida de la señorita, incluso enviaron invitaciones a la familia real...
—¡¿La familia real?! —jadearon las demás—. ¡Dios mío, cuando vuelva a la casa tenemos que asegurarnos de darle el mejor servicio de su vida!
—...
Cada una de esas palabras se clavó como una daga envenenada en el pecho de Pamela.
Se mordió el labio con tanta fuerza que casi sintió el sabor metálico de la sangre en su boca. Tuvo que usar hasta su última gota de autocontrol para no deformar su rostro frente a la cámara de seguridad.
Estaba tan furiosa que sentía que su mente se partía en dos.
Ella estaba aquí, encerrada, sufriendo humillaciones y hambre...
¡Y esa campesina asquerosa estaba viviendo entre lujos y atenciones de la realeza!
¡¿Con qué derecho?!
-
En la suite del hotel.

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