—Yo... yo...
Con los ojos llenos de lágrimas, Pamela fue incapaz de articular una sola palabra durante un largo rato.
Había estado tan absorta en la fantasía de ver a Kiara hundida en el lodo, que ni siquiera se había fijado si esa tal Violeta se le había acercado o no.
Pero... pero ella recordaba perfectamente haber puesto el Corazón del Mar en ese bolso.
¿Cómo habían terminado las cosas así?
¿En qué momento todo se desmoronó?
¿Acaso fue Kiara?
No... Kiara no se había movido del salón principal en ningún momento.
Entonces, ¿quién había descubierto su plan y escondido el collar en su vestido?
¿Cómo diablos lo habían hecho?
—Yo... de verdad no lo sé. Yo no fui, no sé quién lo puso ahí para incriminarme...
A Pamela no le quedaba más remedio que negarlo todo hasta la muerte.
Después de todo, las cámaras estaban apagadas. Había actuado con sumo cuidado, nadie podía haberla visto.
Mientras insistiera en su inocencia, ¡seguiría siendo inocente!
—Abuelo, abuela, tíos... de verdad no fui yo, no fui yo... —suplicó, buscando el apoyo de la familia Quintana.
Pero los rostros de su familia eran un poema de indignación.
A Marcos Quintana le temblaba la barba de la furia.
—Pamela, ¿las pruebas están frente a ti y todavía intentas justificarte?
Pamela lloraba desconsoladamente:
—Hace... hace un rato, las escoltas de la princesa me revisaron frente a todos y yo no tenía el collar. Eso solo demuestra que el verdadero ladrón aprovechó el caos para esconderlo en mi vestido...
—Pfff.
De repente, una risa ahogada interrumpió el llanto de Pamela.
Todos giraron la cabeza en dirección a la carcajada.
Kiara la miraba como si estuviera viendo a una completa idiota. Con una sonrisa perezosa y llena de desprecio en sus labios rojos, dijo:
—¿Acaso olvidaste que, además de la medicina, tengo otro talento?
Levantó la mano y agitó su teléfono en el aire.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste