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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 824

De vuelta en su habitación.

Kiara se aseó y se puso la pijama.

Caminó hacia el gran ventanal y observó las luces de neón que iluminaban la ciudad.

Su mente volvió a los mercenarios que rogaban por sus vidas horas atrás.

Levantó la mano y rozó con la yema del pulgar el anillo escarlata que llevaba en el dedo.

Ese era el sello de la Liga Espectro en el Sector 7.

El símbolo indiscutible de La Muerte Viviente.

Durante los últimos años, ese anillo había infundido terror en los corazones de muchísimas personas.

Quienes lo habían visto, o terminaban de rodillas, o bajo tierra.

Al principio, no tenía la más mínima intención de revelar quién era.

Pero... su familia había invertido una cantidad absurda de dinero, tiempo y esfuerzo para organizar esa majestuosa gala en su honor.

Todo era por ella.

El circo que armó Pamela ya había empañado la celebración.

Y en cuanto a los mercenarios...

Ni siquiera necesitaba ensuciarse las manos.

Su tío Simón podría haberlos aniquilado.

Escorpión y Roca los habrían sometido sin sudar una gota.

Pero en medio de un fuego cruzado, era inevitable que la impecable decoración quedara destruida.

Y si realmente comenzaban a volar las balas, ¿quién garantizaba que algún invitado no terminaría herido?

Si alguien perdía la vida en ese salón...

Todo el sacrificio y el amor que sus abuelos y tíos habían puesto en esa noche se reduciría a cenizas.

Kiara no iba a permitir que eso pasara.

Por eso, se puso el anillo que la identificaba como La Muerte Viviente.

Esa también fue la primera vez que dejaba entrever ante su familia su oscuro paso por los bajos mundos.

Pensó que tal vez se pondrían tensos, que sentirían miedo, que no soportarían saber que ella operaba en las sombras...

Pero no fue así.

Lo único que sintieron hacia ella fue compasión.

Una profunda y abrumadora compasión.

Se llevó la mano al pecho, a la altura del corazón, y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

En los videos y fotografías del evento que circulaban en las redes, cualquier toma en la que apareciera Kiara...

Estaba completamente borrada por una fuerza cibernética invisible.

Solo quedaba un espeso bloque de píxeles.

No se le veía ni un solo mechón de cabello.

Incluso su voz había sido procesada con un modulador de alta seguridad, haciéndola sonar como una máquina sin alma.

Ni siquiera los hackers de la élite lograron restaurar los archivos originales.

Alguien, negándose a aceptar la derrota, lanzó una jugosa recompensa en la dark web, buscando desentrañar la verdadera identidad de la heredera Quintana.

El resultado: el post no duró ni tres segundos en línea.

La cuenta fue eliminada permanentemente.

La dirección IP fue rastreada y bloqueada con una advertencia severa.

En la pantalla del usuario apareció un cráneo empapado en sangre digital, con un conteo regresivo que no se detenía.

El tipo se aterrorizó tanto que arrancó los cables de su módem y huyó del país esa misma madrugada.

En el círculo, todos captaron el mensaje.

Todos.

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