Eso significaba que solo era una invitada de segunda.
Con esa conclusión en mente, Sabrina la miró con aún más descaro.
—Qué máscara tan grande traes. No dejas ver absolutamente nada.
Se tapó la boca y soltó una risita burlona, fingiendo un tono de broma.
—¿Será que te da vergüenza dar la cara y por eso te escondes?
Sus amigas captaron la indirecta al vuelo y la secundaron de inmediato.
—Sabri, ten piedad. Con tantas cirugías estéticas fallidas últimamente, taparse la cara es un favor que nos hace a todos.
—Algunas se ponen una máscara y ya se creen de la realeza, quién sabe qué desastre hay debajo de ese antifaz.
—Ay, chicas, no sean tan crueles. A la pobre seguro le costó mucho colarse en un evento de este nivel, déjenle un poco de dignidad.
—...
Eran comentarios sumamente venenosos.
Todas insinuaban que Kiara era fea o que tenía el rostro arruinado por cirugías.
Los demás invitados empezaron a acercarse, murmurando y señalando a Kiara con curiosidad.
La mirada de Joaquín se volvió gélida al instante, e incluso detrás de la máscara, su aura era aterradora.
Entrecerró los ojos con frialdad.
Justo cuando iba a dar un paso al frente.
Kiara le apretó suavemente la mano, pidiéndole calma.
Esa era la heredera de los Benítez.
Ella solo estaba allí para conseguir el Titanio Estelar para el instituto.
Habían prometido mantener un perfil bajo.
Y eso iban a hacer.
Kiara levantó la vista lentamente, y sus ojos claros y tranquilos se posaron en Sabrina.
Eran como dos pozos de agua helada.
—Toda vestida de rojo, con tantos adornos encima. Pareces una piñata a punto de reventar.
—¡Tú! —Sabrina se puso verde del coraje.
Sus amigas saltaron a defenderla como fieras.
—¿De qué alcantarilla saliste? ¿No tienes educación? Estás hablando con la señorita Sabrina Benítez, la anfitriona de este evento. ¡Mide tus palabras!
—Eres una fea que no se atreve a mostrar la cara. ¿Con qué derecho insultas a Sabri?
—¡Si eres tan valiente, quítate la máscara y déjanos ver qué clase de fenómeno eres!
—¿No te atreves? ¡Seguro tienes algo que esconder, fea!
Kiara miró a aquel grupo de payasas y sintió una profunda pereza.
De verdad quería mantener un perfil bajo.
Y estaba intentando ser educada.
¿Pero por qué, a donde fuera, siempre terminaba tropezando con idiotas sin remedio?

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