No le interesaban en lo absoluto esas supuestas antigüedades o pinturas famosas.
Solo estaba esperando el Titanio Estelar que necesitaba el profesor Morales.
En cuanto al resto...
Kiara levantó levemente la mirada y observó un collar de joyas que estaban subastando en el escenario.
La calidad no estaba mal.
Pero definitivamente no valía los cien millones que algún ingenuo acababa de ofrecer.
Se sentía aburrida.
Soltó un bostezo perezoso, sacó su teléfono y le escribió al profesor Morales.
*Kiara: 【¿A qué hora sacan el Titanio Estelar? Me estoy muriendo de aburrimiento.】*
*Profesor Morales: 【Ya casi, ya casi, ten paciencia. Eso es para el cierre de la subasta.】*
Para el cierre...
Entonces todavía faltaba.
Mejor se echaba a dormir un rato.
Eso pensó Kiara.
Y estuvo a punto de recargar la cabeza sobre el hombro del hombre a su lado.
De repente, el subastador en el escenario se emocionó, elevando la voz al menos ocho tonos, lo que hizo que a Kiara le zumbaran los oídos.
—¡Damas y caballeros!
—¡El siguiente artículo no estaba en la lista que les entregamos al principio!
—¡Es una pieza misteriosa que la familia Benítez preparó especialmente para agradecerles su presencia!
—¡Se trata de un tesoro único por el que los Benítez han gastado innumerables recursos y movido todos sus contactos para conseguirlo de manos de una persona misteriosa!
—¡Podríamos decir que esta maravilla es capaz de sacudir a toda la comunidad médica!
El subastador sostenía el micrófono, con una expresión tan emocionada que rayaba en un fervor casi religioso.
Todo el salón se quedó en silencio absoluto al instante.
¡Para que los Benítez presentaran algo con tanta solemnidad como el artículo sorpresa de la noche, definitivamente no podía ser cualquier cosa!
De inmediato, un reflector iluminó el escenario.
Una edecán acercó una vitrina transparente sobre un carrito.
La luz siguió el movimiento de la vitrina.
Hasta detenerse en el centro del estrado.

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