Además, contaban con un flujo inagotable de fondos de investigación.
Y justamente por la presencia del profesor Morales, la Universidad Libre del Sur tenía un alto prestigio internacional.
Esa fue la razón por la que en su momento Pamela Ibarra se enorgullecía tanto de ser estudiante de esa universidad y soñaba con ser alumna de Morales.
Si el equipo del profesor Morales fracasaba en su proyecto actual.
Solarenia pasaría una gran vergüenza en el escenario académico mundial, y le daría a la Alianza Global de Universidades de Élite la oportunidad de pisotearlos.
Kiara levantó una ceja: —Entonces, ¿quieren que entre a la Universidad Libre del Sur y les ayude a resolver el proyecto?
Los ojos del profesor Morales se pusieron rojos y puso cara de lástima: —Estos viejos huesos ya no damos para más, por eso venimos a molestarla.
—Con que acepte ir a la universidad, estar registrada y darnos un par de consejos en los momentos clave será suficiente.
Kiara miró a los ancianos, todos a punto de soltar lágrimas y con un aspecto tan desdichado, que soltó un suspiro: —Está bien, está bien. Tampoco es para tanto, no tienen que llorar como si yo estuviera abusando de unos ancianos.
—¿E-eso significa que acepta? —Los ojos del profesor Morales se iluminaron de inmediato.
—Sí —Kiara miró a sus familiares, quienes seguían boquiabiertos a un lado—. De todos modos, mi familia también quería que yo experimentara la vida universitaria.
—¿Experimentar la vida universitaria? —El profesor Morales se quedó perplejo por un segundo.
¿Acaso su salvadora necesitaba pasar por esa experiencia?
El profesor Morales sacó un documento rápidamente: —¡Jefa, esta es la carta de nombramiento como profesora especial! La universidad y nuestro equipo ya la firmamos. ¡Solo necesita poner su firma y será un miembro principal del equipo!
Kiara le echó un vistazo: —No quiero ningún título de profesora. Arréglame una identidad de alumna de intercambio y pon mi nombre en su proyecto.
El profesor Morales la miró impactado: —Jefa, ¿quiere ir a estudiar a la universidad?
Kiara asintió.
El profesor Morales se sorprendió: —Pero así... ¿no sería una humillación para usted?
—No es humillación —dijo Kiara con calma—. No me gusta llamar la atención. Ser estudiante es suficiente. Y ustedes procuren no buscarme en público a menos que sea necesario.
El profesor Morales miró a los miembros de la familia Ibarra e inmediatamente lo comprendió todo.
La jefa ahora era la hija de la familia Ibarra.

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