Pamela intentó calmarse.
Pero enseguida sintió una oleada de odio hacia Kiara.
Si no fuera por esta pueblerina, jamás la habrían echado de la familia Ibarra.
Si no fuera por ella, ¡no habría tenido que sufrir tantas torturas inhumanas!
¡Tampoco habría tenido que sacrificar tanto para mantener su supuesto brillo y esplendor!
Por fin se había preparado para regresar a la escuela y disfrutar de su antigua vida donde todos la adoraban.
¿Por qué esta maldita Kiara tenía que seguirla como una sombra?
¿Qué diablos venía a hacer a la Universidad Libre del Sur?
¿Y encima con el uniforme puesto?
¿Acaso esta pueblerina que creció en el campo y a la que obligaron a dejar la preparatoria sin terminar, quería estudiar aquí?
¡Seguro no sabía que esta era la mejor institución de Solarenia, la número uno!
Lo más importante era que no se podía entrar a esta universidad solo soltando billetes, había que tener verdadero talento.
Incluso si la familia Ibarra quisiera meter a Kiara a la fuerza...
¡Eso era totalmente imposible!
Frunció el ceño con dureza mientras veía a Kiara sacar su credencial y pasarla por el lector.
Y luego, vio cómo la máquina la aceptaba y Kiara entraba tranquilamente.
Se quedó helada.
¿Cómo era posible que hubiera entrado?
¿De verdad logró ingresar?
Si una pueblerina como Kiara podía entrar, entonces todos sus años de estudio agotador, todo su esfuerzo por sacar calificaciones perfectas para ser admitida y sentirse orgullosa de pertenecer a esta institución...
¿No la hacían quedar como una completa idiota?
—Pamela Ibarra.
De repente, la voz de Sabrina la detuvo.

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