Santiago y Rosana estaban en shock total.
Pero por fuera, no se atrevieron a decir nada de más.
Supusieron que, en esas familias de alta sociedad... lo normal era comprometerse tan temprano.
Y además... verlos juntos, tan atractivos los dos, era un espectáculo del que no podían apartar los ojos; la palabra perfectos se quedaba corta.
Rosana no pudo controlarse y soltó sin pensar:
—Q-qué bonita pareja hacen...
Apenas las palabras salieron de su boca, se puso roja de la vergüenza.
¿C-cómo se le ocurrió decir en voz alta lo que estaba pensando?
Pero ese comentario hizo el día de Joaquín.
El hombre, encantado con la rápida lectura de la situación de la chica, sonrió complacido.
—Tienes muy buen ojo, muchacha.
Dicho esto, sacó un par de tarjetas de crédito sin límite de su bolsillo.
—Un regalo por conocernos. A partir de ahora, en la Universidad Libre del Sur, les encargo mucho que cuiden a Kiara.
¿Cómo iban a atreverse a aceptar eso?
Agitaron las manos, asustados, rechazándolo de inmediato.
Los dos intercambiaron miradas discretas. Si el prometido de la capitana había venido hasta aquí, seguro que tenían cosas importantes de qué hablar. Ya les habían resuelto sus problemas y les habían dado de todo, no iban a quedarse ahí haciendo mal tercio.
Si se quedaban más tiempo, temían que el corazón no les aguantara.
Aunque sabían que salir del invernadero e ir a la sala principal significaba... enfrentarse al abrumador cariño de la señora Vanesa y de don Regino.
Pero comparado con el romance derrochador que emanaba de esos dos, preferían mil veces las atenciones excesivas de los suegros.
Joaquín quedó aún más complacido con lo astutos que resultaron ser esos chicos.
Manteniendo su brazo en la cintura de Kiara, arqueó una ceja mientras los veía irse y cerrar cuidadosamente la puerta del invernadero.
—Kiara, estos compañeros que te conseguiste no están nada mal.
Debido a la crueldad y falta de escrúpulos de sus métodos, eran buscados por los gobiernos de múltiples países.
Y pensar que... ¿la familia Benítez era la fachada del Laboratorio Ocaso Negro?
La situación era, efectivamente, peor de lo que había imaginado.
Kiara deslizó el dedo por la pantalla, leyendo el informe. A medida que avanzaba, su mirada se volvía más oscura.
—Los Benítez se aliaron con ellos hace un par de años. Se encargan exclusivamente de la fase de pruebas clínicas en humanos, suministrándoles los sujetos y los datos iniciales de las pruebas a la organización.
—Esos estudiantes becados que presumen ayudar, en realidad son la materia prima que seleccionan para sus experimentos.
Joaquín señaló un gráfico en el documento.
—Revisé los registros académicos de la Universidad Libre del Sur de los últimos años. Solo en esta universidad, han desaparecido treinta y siete estudiantes de bajos recursos. Todos abandonaron la escuela en su tercer o cuarto año, bajo la excusa de irse a estudiar al extranjero, y luego se esfumaron del mapa.
—El perfil que buscan los Benítez es muy específico: estudiantes que vienen de pueblos alejados o zonas rurales, sin conexiones ni influencias, con lazos familiares rotos o distantes, y que tienen capacidades intelectuales o físicas sobresalientes. A esos son a los que becan.
De esa manera, aunque las personas desaparecieran...

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