Si les daban algo de dinero a los familiares, nadie preguntaba nada.
Eran chicos que venían de lugares olvidados, sin amigos reales ni vida social. Si a sus propias familias no les importaba que desaparecieran, a los demás mucho menos.
—Esos treinta y siete son solo las cifras de la Universidad Libre del Sur. Quién sabe a cuántos más han sacado de otras universidades... si sumamos todo, el número debe ser monstruoso —dijo Joaquín, con los ojos ensombrecidos por la rabia.
Volvió a abrir una imagen satelital en el teléfono y señaló un punto.
—Kiara, a menos de cinco kilómetros de la universidad, hay una planta química abandonada. La entrada al laboratorio subterráneo de la farmacéutica Benítez está justo ahí.
La mirada de Kiara se volvió letal.
Era exactamente como lo sospechaba... lo estaban haciendo frente a las narices de todos.
—Perfecto. Ya que encontramos la madriguera de esas ratas...
—Hay que exterminarlos a todos, desde la raíz.
Pero antes de eso... tenía que arrancarles de tajo esa máscara de benefactores y filántropos que los Benítez llevaban puesta.
De lo contrario, aunque les destruyera el laboratorio, los Benítez encontrarían la forma de resurgir de las cenizas.
Su objetivo era aplastarlos por completo, sin dejarles salida.
Y de paso, aniquilar al Laboratorio Ocaso Negro.
Joaquín la observó; su rostro era una máscara de hielo, y una oscuridad amenazante emanaba de sus ojos.
La abrazó por detrás, apoyando la barbilla en su hombro.
—Tú dime cuándo atacamos, mi reina. Estoy a tus órdenes.
La mirada de Kiara seguía clavada en la imagen satelital del teléfono, justo en el punto rojo que parpadeaba.
—Paciencia. Primero vamos a ganar la competencia. Quiero esperar a que se sientan en la cima del mundo, cuando se crean intocables...
—Y entonces... ¡los arrastraré hasta el infierno!
Cuando regresaron al comedor, Vanesa y don Regino seguían consintiendo a Santiago y a Rosana, preguntándoles sin parar cómo era la vida de Kiara en la universidad.
Gracias a tanta plática, los dos jóvenes habían perdido un poco la pena y se veían mucho más relajados.


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