—¡Wow! Qué nivel de equipo. Con ellas dos al mando, no les va a faltar un solo centavo de presupuesto.
—¡Y no solo ellas! ¡Todos los demás del equipo están en el top diez de su generación, son unos genios!
—No me lo creo... ¡También hay un Equipo Atrapasueños Dos y un Equipo Atrapasueños Tres! ¡Pamela y Sabrina acapararon toda la competencia!
—Escuché que la familia Benítez tiró la casa por la ventana y le compró equipos de última generación a cada miembro de los equipos Atrapasueños.
—Oye, pero si Pamela está ahí... ¿no se supone que la familia Ibarra la iba a apoyar? ¿Por qué la familia Benítez está financiando todo?
Las especulaciones corrían como pólvora.
Sabrina estaba de pie en la primera fila de la multitud, con los brazos cruzados, alimentando su ego con las miradas de envidia y admiración que recibía.
Levantó un poco la barbilla y paseó la vista por el mural con aire de superioridad.
Finalmente, su mirada se detuvo en la última línea de la lista.
No pudo aguantarlo y soltó una carcajada llena de veneno.
Habló con voz chillona para que todos la escucharan.
—¡Ay, por favor! ¿Qué clase de chiste es ese? Con esos integrantes, ¿el profesor Cáceres de verdad dejó que se inscribieran?
Levantó la mano y señaló con el dedo la parte inferior del tablero.
Nombre del equipo: Esperanza.
Capitana: Kiara Ibarra.
Miembros: Santiago, Rosana, Mariana Moreno, Jaime Ponce.
—¿Equipo Esperanza? —Sabrina reía como loca—. Más bien deberían llamarse Equipo Desesperación.
—Fíjense nada más en quiénes son. Una capitana pueblerina que ni siquiera terminó la secundaria y la corrieron de su otra escuela.
Todo el mundo sabía que este tipo de competencias exigía dinero a raudales. Un solo equipo de laboratorio costaba miles de dólares, y los materiales para los experimentos otro tanto.
El dichoso Equipo Esperanza era una broma de mal gusto. Comparado con los recursos ilimitados del equipo estrella, parecían vagabundos intentando armar un cohete con basura. A lo mucho, tendrían que usar los equipos viejos y básicos de la universidad.
¿Cómo iban a competir con eso? ¡Era patético!
Y lo peor de todo, Kiara se había atrevido a reclutar a dos mediocres que no pasaron la prueba para la clase de élite. ¡Era el colmo de lo ridículo!
Las burlas y los chismes resonaban por todo el lugar.
Mientras tanto, en la periferia de la multitud...
Rosana, Santiago y los dos nuevos integrantes se mantenían en silencio.
Tenían los puños tan apretados que los nudillos se les ponían blancos.
En particular Mariana y Jaime. Eran delgados, evidenciando una clara desnutrición. Sus ropas estaban desteñidas por tantas lavadas, les quedaban grandes y los cuellos de las camisas estaban desgastados.

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